Mañana viernes 11 de septiembre, a las 8:30 de la mañana hora del Este (una hora antes de que abra la bolsa de Nueva York), la Oficina de Estadísticas Laborales publicará el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto. Es, sin ninguna exageración, el dato económico más importante de todo el mes, y llega apenas cinco días antes de que la Reserva Federal decida sobre las tasas de interés, el 15 y 16 de septiembre.
Antes de que salga el número, vale la pena repasar todo lo que esta semana dejó sobre la mesa, porque cada pieza que documentamos día a día apunta en la misma dirección.
El punto de partida: julio ya venía moderándose
El IPC de julio se ubicó en 3,4% interanual, bajando desde 3,5% en junio, el segundo mes consecutivo de descenso. Es la tendencia que el dato de mañana podría confirmar, o interrumpir.
La señal de alerta que llegó ayer: el IPP
El Índice de Precios al Productor de agosto, publicado ayer jueves, subió a 5,4% interanual, por encima del 5,3% esperado y del 4,8% de julio. El IPP funciona como antesala del IPC porque mide los costos antes de que lleguen al consumidor final. Que haya salido más caliente de lo esperado no garantiza que el IPC haga lo mismo, pero sí eleva el riesgo.
El otro banco central ya se movió
También ayer, el Banco Central Europeo subió sus tasas al 2,5%, la segunda alza del año, presionado por una inflación europea que llegó a 3,3% en agosto, con el componente energético disparándose de 10,3% a 14,4% en un solo mes. Es el mismo mecanismo que probablemente veamos reflejado en el IPC estadounidense de mañana: el petróleo por encima de los 100 dólares, que documentamos toda esta semana, empujando los precios de la energía a ambos lados del Atlántico casi al mismo tiempo.
Las posiciones que ya están fijadas, antes de conocer el número
El gobernador de la Fed, Christopher Waller, dejó su postura condicionada de forma explícita: votará por mantener las tasas sin cambios si el IPC respalda esa decisión. Es una apuesta abierta: si el dato de mañana confirma una inflación contenida, Waller tendría el argumento que necesita. Si sale caliente, pierde terreno frente a quienes defienden subir las tasas.
El economista Joseph Brusuelas, de RSM US, resumió la ecuación completa hace unos días: “parece que la Fed probablemente subirá los tipos en su reunión de septiembre, a menos que el IPC de agosto sorprenda a la baja”. Es, en esencia, el resultado por defecto si mañana no ocurre ninguna sorpresa.
El número que ya tiene el mercado descontado
Actualmente, el mercado asigna 60,4% de probabilidad a que la Fed suba las tasas al rango de 3,75%-4% en la reunión del 15 y 16 de septiembre, según el indicador FedWatch de CME. Esa cifra se movió de 55% a 60,4% apenas el viernes pasado, tras el sorpresivo informe de empleo de 162,000 puestos. Un IPC caliente mañana probablemente empuje esa probabilidad todavía más arriba; uno frío podría revertir buena parte del movimiento de la última semana.
Por qué esta vez hay menos margen de duda que en otras ocasiones
A diferencia de reuniones anteriores, la del 15 y 16 de septiembre incluirá dot plot, el gráfico donde cada miembro del Comité Federal de Mercado Abierto revela dónde cree que estarán las tasas en los próximos meses. Ni junio ni julio lo tuvieron. Eso significa que, además de la decisión inmediata, el mercado obtendrá por primera vez en meses una fotografía completa de qué piensa cada integrante de la Fed sobre el resto del año.
Lo que está en juego para el bolsillo
El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años, la referencia directa de las tasas hipotecarias, cerró la semana en su nivel más alto desde noviembre de 2023. Si el IPC de mañana confirma que la inflación sigue presionada, es razonable esperar que ese rendimiento, y con él el costo de comprar vivienda, refinanciar deuda, o pagar una tarjeta de crédito, continúe subiendo. Si el dato sorprende a la baja, existe margen real para que ese costo empiece a ceder antes de que termine el año.
Mañana a esta misma hora, sabremos cuál de los dos escenarios se cumplió.
