El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) subió este jueves sus tres tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, llevando la tasa de depósito al 2,5%, la de operaciones de refinanciación al 2,65%, y la de facilidad marginal de préstamo al 2,90%. Es la segunda subida de tasas del año en la eurozona, tras la ejecutada en junio, que a su vez fue la primera desde septiembre de 2023.
La decisión, ya descontada por el mercado
La medida no tomó a nadie por sorpresa: la mayoría de analistas coincidía, incluso antes de la reunión, en que el BCE subiría los tipos precisamente hasta ese nivel, según reportó Infobae. Deutsche Bank había anticipado además que el propio Consejo de Gobierno “espera ampliamente anunciar hoy una subida de tasas de 25 pb, elevando su tasa de depósito hasta el 2,5%”.
La inflación que justifica la medida
La inflación de la eurozona se situó en 3,3% en agosto, frente al 2,9% de julio, con los precios de la energía disparándose desde 10,3% hasta 14,4% en apenas un mes. Es el mismo mecanismo que documentamos hoy con el IPP estadounidense: el conflicto entre Estados Unidos e Irán, que llevó al Brent por encima de los 100 dólares, está empujando la inflación energética a ambos lados del Atlántico de forma casi simultánea.
Hay, sin embargo, un matiz que conviene señalar: la inflación subyacente de la eurozona, que excluye energía y alimentos, se moderó una décima hasta 2,1%, muy cerca de la meta oficial del banco central. Es decir, el problema inflacionario europeo está concentrado casi por completo en el componente energético, no en una presión de precios generalizada por toda la economía.
Lo que Lagarde no quiso adelantar
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, explicó la decisión ante la prensa, pero evitó comprometerse con cualquier trayectoria futura. Su frase fue directa: “no se puede anticipar cuál será la próxima medida que tomemos”. Según FXStreet, el debate de la rueda de prensa se centró exclusivamente en la decisión del día, sin abordar el rumbo posterior de los tipos. Analistas de Deutsche Bank ya habían anticipado esa postura, esperando que el BCE “repita el mantra de dependencia de los datos, reunión por reunión y sin compromisos previos”.
Es, en el fondo, la misma estrategia de comunicación que documentamos al cubrir el discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole: evitar dar señales explícitas sobre movimientos futuros, para no atarse las manos frente a una situación geopolítica que cambia día a día.
Las proyecciones que sí se ajustaron al alza
Pese a la cautela sobre las tasas, el BCE sí actualizó sus proyecciones macroeconómicas: elevó sus expectativas de crecimiento para la eurozona en 2026 y 2027, y mantiene la inflación proyectada por encima de su objetivo del 2% durante los próximos años: 3,0% en 2026, 2,5% en 2027, y 2,1% en 2028. Es decir, el propio banco central no espera devolver la inflación a su meta oficial hasta dentro de más de dos años.
Lo que esto significa para el otro lado del Atlántico
Esta decisión llega en el mismo día en que documentamos el IPP estadounidense subiendo a 5,4% interanual, antesala del IPC que se publica mañana viernes. Ambos bancos centrales, el europeo y el estadounidense, enfrentan la misma presión de fondo: una inflación energética que no depende de sus propias políticas monetarias, sino de un conflicto militar en Medio Oriente que ninguno de los dos puede controlar directamente.
Para el mercado cambiario, la decisión de hoy deja al euro operando en el mismo rango estrecho que documentamos esta mañana, entre 1,1590 y 1,1650 dólares, a la espera ahora de que la Reserva Federal defina su propio rumbo en la reunión del 15 y 16 de septiembre, tal como venimos anticipando en nuestro calendario económico semanal.
