Hace unos días documentamos que Trump propuso renombrar el Estrecho de Ormuz como “Estrecho de Trump”, porque, según sus propias palabras, “ahora lo tenemos bajo control”.
Esta semana llegó la secuela: el Lago Ontario, la frontera natural entre Estados Unidos y Canadá, pasó a llamarse “Lago América”.
El patrón ya es reconocible
Un accidente geográfico compartido con otro país. Un nombre nuevo que subraya el dominio de Estados Unidos sobre él. Cero consulta previa con quien también tiene derechos sobre ese territorio.
Con Ormuz fue Irán y Omán quienes quedaron fuera de la conversación. Con el Ontario, es Canadá.
Lo que dice la geografía, contra lo que dice el cartel nuevo
El Lago Ontario no es propiedad exclusiva de nadie. Es uno de los cinco Grandes Lagos, compartido formalmente entre Estados Unidos y Canadá, con acuerdos binacionales que llevan más de un siglo regulando su uso. Cambiarle el nombre unilateralmente no cambia ese acuerdo. Solo cambia el cartel.
La pregunta que ya vale la pena hacerse
Si el patrón se repite una tercera vez, ¿qué sigue? El Golfo de México ya tiene su propia versión de esta historia, rebautizado meses atrás. Con Ormuz y ahora el Ontario, empieza a parecer menos una ocurrencia aislada y más una costumbre.
Lo que no cambia con el nombre
El acuerdo binacional sobre el Ontario sigue vigente. Canadá sigue teniendo la mitad del lago. Y el agua, que no lee comunicados de prensa, sigue fluyendo exactamente igual que antes de que alguien decidiera cómo se debía llamar.
