“Se llevan el petróleo y nos dejan en tinieblas”. Esa es la consigna con la que organizaciones sociales, gremiales y políticas salen este martes 27 de octubre a protestar frente a sedes de Corpoelec en distintas ciudades del país. Y les confieso que pocas veces una frase ha resumido tan bien la economía venezolana de este año.
La convocatoria es del Comité de Víctimas de Apagones, que se constituyó el viernes 23. Según Diario Versión Final, los activistas denuncian que “hoy todo el país, con la excepción de Caracas, sufre apagones constantes entre 6, 9 y hasta 12 horas”, y que hay comunidades con apenas cuatro horas de luz al día. Lo que piden es concreto: que les repongan o les paguen los electrodomésticos que se han quemado con los cortes y las subidas de voltaje, y que el Estado responda, porque las promesas oficiales de restituir equipos tienen años sin cumplirse. También llaman a crear comités parecidos en urbanizaciones, barrios y centros de trabajo. Las protestas son pacíficas y todavía no se ha informado la hora ni la lista de sedes.
Yo soy zuliano, y para el zuliano esto no es noticia nueva. Lo nuevo es que el problema ya se volvió organización. En las últimas semanas hubo cacerolazos y protestas por cortes de hasta ocho horas en Carabobo y Zulia, y ahora la gente pasó de quejarse en la esquina a crear un comité con nombre y apellido. Eso es una señal política, pero sobre todo es una señal económica.
El contraste que duele
Fíjense en esto. El crudo venezolano se está vendiendo más caro que en cualquier momento del año: el Merey promedió 93,75 dólares por barril en septiembre, cerca de 39% más que en julio, como les conté en la nota sobre el crudo, y el Brent arrancó esta semana por encima de los 110 dólares. Hay más dinero entrando por el petróleo, pero ese dinero no se está traduciendo en megavatios. De ahí la rabia de la consigna.
Y sin luz no hay economía que arranque. Lo hemos dicho en Parlo-Tanto: el sistema eléctrico necesita entre 15.000 y 40.000 millones de dólares, y sin resolverlo, el resto es imposible. Los propios organizadores del Startup Venezuela Summit reconocieron las fallas eléctricas como el primer riesgo para los inversionistas, como contamos cuando Branson abrió el evento en Caracas.
Piensen en lo que significa un corte de 12 horas para una panadería, una carnicería o una farmacia. Es mercancía que se daña, es una nevera que se quema, es un día de ventas perdido. Y es también el agua, que en muchas zonas depende de bombas eléctricas. Cada apagón es un impuesto que nadie decretó y que pagan los que menos tienen. A todo eso se suma el reclamo por los electrodomésticos, que en un país donde el salario mínimo vale centavos de dólar significa que una nevera quemada puede ser la pérdida de un año entero.
Hasta la publicación de esta nota, ni Corpoelec ni el Gobierno habían respondido a la convocatoria. Vamos a ver cuánta gente sale a la calle hoy. Pero la pregunta de fondo ya está planteada en la consigna, y no es retórica: si Venezuela vende su petróleo más caro que nunca este año, ¿por qué sigue a oscuras?
