El acuerdo que Donald Trump cerró con Vladímir Putin para que Rusia suministre diésel a Estados Unidos y a los mercados mundiales abrió un frente inesperado: su propio partido.

Trump anunció el viernes que Moscú enviaría 300.000 toneladas de diésel “de inmediato”. El objetivo declarado es bajar los precios del combustible, que subieron desde que comenzó la guerra con Irán en febrero. Para hacerlo posible, el acuerdo levanta las sanciones a la compra de diésel ruso.

La carta de los siete

El domingo, siete senadores firmaron una declaración conjunta: los republicanos Lisa Murkowski (Alaska), Susan Collins (Maine), Thom Tillis (Carolina del Norte) y John Curtis (Utah), junto con los demócratas Jeanne Shaheen (Nuevo Hampshire), Ron Wyden (Oregón) y Richard Blumenthal (Connecticut).

Sostienen que el acuerdo contradice la prohibición de importar energía rusa aprobada en 2022, y que el Congreso no fue consultado. Su conclusión es directa: “La administración debe revertir el rumbo de inmediato”.

Tillis fue más allá y sugirió que el presidente podría no estar cumpliendo la ley: “Fuimos muy claros en que Rusia es el agresor”. Collins recordó que copatrocinó la ley de sanciones que el propio Trump firmó hace poco. En la Cámara de Representantes, el republicano Brian Fitzpatrick prepara un proyecto bipartidista para bloquear las compras de petróleo ruso, con el apoyo de Don Bacon.

La defensa

Trump asegura que tomó la decisión correcta para los estadounidenses y que está poniendo “a Estados Unidos primero”. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que el acuerdo usa “todas las facultades legales” del gobierno. El senador republicano John Barrasso lo respaldó: el presidente “tiene que tomar decisiones difíciles”.

Según Reuters, los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner explicaron a funcionarios ucranianos que el acuerdo busca atraer a Rusia de vuelta a la mesa de negociación.

El contexto incómodo

El acuerdo llega en la misma semana en que Trump anunció una “tregua energética” entre Rusia y Ucrania que Moscú rompió en horas con ataques a seis instalaciones ucranianas. Para los críticos, se le está dando a Rusia un ingreso extra sin recibir nada a cambio. Para la Casa Blanca, es una forma de aliviar el precio del combustible a tres semanas de las elecciones de medio término.

Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. La pregunta es cuál de las dos pesará más en las urnas el 3 de noviembre.