Casi dos meses después del doble terremoto que sacudió a Venezuela el 24 de junio, un grupo de venezolanos deportados desde Estados Unidos que llegó al país precisamente ese mismo día sigue sin aparecer, según reportes recogidos hoy por medios que dan seguimiento diario a la actualidad venezolana. La coincidencia entre el momento exacto de la deportación y el instante en que ocurrió la tragedia natural más grave que ha enfrentado Venezuela en su historia reciente ha dejado a varias familias, tanto dentro del país como en Estados Unidos, sin poder confirmar el paradero de sus seres queridos.

Este caso se suma a otros que documentamos anteriormente en esta sección: el de un venezolano deportado que murió al día siguiente de su llegada al país, cuando los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 devastaron distintas regiones venezolanas dejando más de 6,000 fallecidos según el último balance oficial. Lo que distingue el caso de hoy es la persistencia de la incertidumbre: no se trata de una muerte confirmada, sino de una ausencia de información que se extiende ya por casi dos meses completos, dejando a las familias en un limbo particularmente doloroso, sin poder ni completar un proceso de duelo, ni tener la certeza de que sus familiares están con vida.

Un patrón que conecta deportación y desastre natural

La organización VEPPEX había solicitado formalmente a Estados Unidos, en los días posteriores al sismo, suspender las deportaciones hacia Venezuela mientras persistieran las condiciones de riesgo derivadas del terremoto, un pedido que documentamos en su momento. La lógica detrás de esa solicitud era evitar, precisamente, que personas fueran devueltas a un país que atravesaba en ese momento una emergencia nacional declarada, con infraestructura dañada y capacidad de respuesta gubernamental limitada en varias regiones. Casos como el de este grupo de deportados desaparecidos —o el del joven que murió al día siguiente de su llegada— confirman, con nombres y familias reales detrás, exactamente el tipo de riesgo que esa organización buscaba prevenir.

La reconstrucción sigue en marcha, pero de forma desigual

Mientras tanto, la respuesta a la emergencia continúa avanzando en distintos frentes: maquinaria pesada proveniente de Estados Unidos llegó recientemente a Venezuela para ayudar a retirar toneladas de escombros acumulados por los terremotos, y un cargamento de 30 toneladas de ayuda humanitaria de la Unión Europea llegó también al país en los últimos días. Son señales de que la cooperación internacional hacia la reconstrucción sigue activa, incluso mientras casos individuales como el de estos deportados desaparecidos permanecen sin resolución dentro del propio caos administrativo que dejó la tragedia.

Por qué esto importa para la diáspora venezolana: para las familias venezolanas en Estados Unidos que llevan meses sin poder confirmar el paradero de un ser querido deportado, la reconstrucción de infraestructura y la llegada de ayuda humanitaria, aunque sean noticias positivas en sí mismas, no resuelven la angustia específica de no saber si esa persona está viva. Estos casos —el de los desaparecidos de hoy, el del joven fallecido al día siguiente de su deportación— son el recordatorio más humano y directo de que las decisiones de política migratoria tomadas en Washington, y los desastres naturales que ocurren del otro lado, no son fenómenos separados para las familias que los viven en carne propia: son la misma historia, vivida simultáneamente desde ambos países.