El presidente Donald Trump firmó este jueves una proclamación que impone aranceles de hasta 100% sobre las importaciones de drones y sus componentes, en una medida dirigida directamente contra una industria hoy dominada por fabricantes chinos. Según el comunicado oficial de la Casa Blanca, la decisión responde a motivos de seguridad nacional, con el objetivo declarado de “fomentar la producción” de drones dentro de Estados Unidos y “reducir la dependencia” del país respecto a proveedores extranjeros.

El esquema arancelario distingue los productos según su tamaño y sus capacidades técnicas. El arancel máximo de 100% se aplicará a sistemas de aeronaves no tripuladas cuyo peso al despegue supere los 25 kilogramos, a los equipados con cámaras térmicas, y a las estaciones de acoplamiento y otros componentes considerados “especialmente sensibles” desde el punto de vista de la seguridad nacional. Los drones de menor tamaño quedarán sujetos a un arancel más moderado, de 25%. La medida se basa en el artículo 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 —la misma facultad que Trump ya ha invocado para imponer aranceles al acero, el aluminio, el cobre semiacabado y los automóviles—, que exige una investigación previa antes de autorizar restricciones a la importación por razones de seguridad nacional.

El calendario de aplicación será escalonado: los aranceles generales entrarán en vigor 21 días después de la firma presidencial, mientras que para los componentes no considerados particularmente sensibles el plazo se extiende a 180 días. La proclamación también contempla un mecanismo de exención: productos que obtengan, dentro de los 20 días siguientes, una aprobación del Departamento de Defensa respecto a la lista de equipos regulados por la Comisión Federal de Comunicaciones, también accederán a ese plazo ampliado de 180 días. Además, el secretario de Comercio podrá crear un programa de incentivos para empresas que destinen capital a nuevas capacidades productivas de drones dentro del país, buscando acompañar el aumento de los costos de importación con una mayor oferta fabricada localmente.

Esta medida se suma a la ya extensa lista de aranceles que la administración Trump ha impuesto durante este segundo mandato, en un momento en que el propio Tribunal Supremo dictaminó en febrero que el presidente había excedido sus competencias al invocar poderes federales de emergencia para imponer gravámenes globales de amplio alcance. Al basarse en el artículo 232 en lugar de esos poderes de emergencia cuestionados judicialmente, la administración parece estar buscando un fundamento legal más sólido para sostener este tipo de medidas comerciales de cara a futuros desafíos en los tribunales. Actualmente, según reportó Bloomberg Línea, también se llevan a cabo investigaciones similares sobre robótica y turbinas eólicas bajo esa misma autoridad legal.

Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: los aranceles a los drones, aunque parezcan un tema técnico y alejado del día a día, forman parte de la misma estrategia comercial más amplia que ya ha encarecido productos de consumo en distintos sectores de la economía estadounidense, un patrón que documentamos ampliamente esta semana al hablar del debilitamiento del dólar y su efecto sobre el costo de las importaciones. Para las pequeñas y medianas empresas hispanas que utilizan drones en actividades como la agricultura, la construcción o la fotografía y video profesional, este arancel puede traducirse directamente en un aumento del costo de los equipos que necesitan para operar, justo en un momento donde ya vienen absorbiendo presiones inflacionarias por otros frentes simultáneos de la política comercial y energética del país.