El presidente Donald Trump publicó hoy martes en sus redes sociales una imagen del Estrecho de Ormuz etiquetada como “Nuevo territorio de EE.UU.”, según reportó CNN en Español, escalando todavía más la afirmación que ya había hecho el viernes pasado sobre su intención de declarar formalmente esa vía marítima como territorio estadounidense una vez que Washington termine de “derrotar a Irán”. En la misma jornada, Trump afirmó que no existe diálogo en curso ni previsto con Teherán, aunque sostuvo que el estrecho está “abierto y operativo” en este momento.

Publicación de Donald Trump en X mostrando un mapa del Estrecho de Ormuz etiquetado como “Nuevo territorio de EE.UU.”

La publicación llega justo un día después de que venciera, sin acuerdo, el plazo de 60 días que Estados Unidos e Irán se habían dado mutuamente al firmar un memorando de entendimiento el pasado 17 de junio, en el que ambas partes se comprometían al “cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes” como parte de un proceso hacia el fin de la guerra. Esa fecha límite, que documentamos ayer mismo en esta sección, ya pasó sin que las negociaciones avanzaran hacia ningún entendimiento nuevo.

Un reclamo territorial sin respaldo legal claro, según expertos

Jason Chuah, profesor de Derecho Marítimo en City, University of London, cuestionó directamente la viabilidad legal del reclamo de Trump en declaraciones a CNN: “según la legislación estadounidense, reclamar un territorio mediante una declaración o decreto presidencial no es suficiente. Existen requisitos constitucionales importantes que deben cumplirse primero”. El propio Trump ha argumentado en distintas ocasiones que Estados Unidos ya “es dueño” de facto del estrecho, apoyándose en que los ataques militares estadounidenses lanzados desde febrero han diezmado las capacidades militares de Irán en la zona —una afirmación que Teherán rechaza de forma categórica.

Desde el lado iraní, el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, reiteró hoy mismo las condiciones que su país exige a Washington para reabrir por completo el estrecho: el levantamiento de las sanciones sobre el petróleo iraní y el cese de las amenazas militares estadounidenses en la región. Son, en esencia, las mismas demandas que Irán ha mantenido desde el colapso del memorando de junio, sin que ninguna de las dos partes haya mostrado disposición a moverse de su posición inicial.

Una guerra que se reactivó hace un mes sin resolución a la vista

El propio conflicto se reanudó formalmente el 1 de julio, después de que las negociaciones previas fracasaran por disputas relacionadas específicamente con el control de esta vía marítima. Desde entonces, como hemos documentado en esta sección durante las últimas semanas, el tránsito comercial por Ormuz se ha reducido drásticamente —de unos 120 buques diarios antes de la guerra a apenas 14 en los días más críticos—, mientras Estados Unidos ha visto caer su propia Reserva Estratégica de Petróleo al nivel más bajo en 43 años, y el margen de refinación del diésel ha superado por primera vez en la historia los 100 dólares por barril.

Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: que el propio presidente utilice un mapa en redes sociales para reforzar un reclamo territorial sin respaldo legal claro, mientras al mismo tiempo insiste en que no hay ningún diálogo real en marcha con Irán, sugiere que la administración prioriza por ahora la proyección de fuerza retórica sobre una resolución negociada del conflicto. Para las familias hispanas que ya sienten el impacto directo de esta guerra en el precio de la gasolina y el diésel, cada día adicional sin un camino claro hacia la desescalada es una señal más de que la presión sobre sus finanzas domésticas probablemente se extienda durante más tiempo del que muchos esperaban.