El presidente Donald Trump se negó a descartar la posibilidad de declarar una emergencia de seguridad nacional para tratar de ejercer mayor control sobre las elecciones de medio término de noviembre, en una entrevista con el comentarista Wayne Allyn Root, de Real America’s Voice, que planteó ese escenario directamente. Cuando Root le preguntó si tendría derecho a declarar la emergencia en caso de que el Congreso no aprobara su proyecto de ley electoral prioritario, Trump no lo rechazó.

Por qué llega justo ahora: la SAVE America Act murió en el Senado

El detonante inmediato es la agonía legislativa de la SAVE America Act, la propuesta que exigía identificación con fotografía para votar, prueba de ciudadanía para registrarse y restringía el voto por correo. El proyecto murió en el Senado antes del receso de agosto, sin lograr los 60 votos necesarios para cerrar el debate bajo la regla del filibusterismo. Con 52 escaños republicanos, la bancada de Trump necesitaba al menos siete demócratas dispuestos a cruzar la línea, y ninguno lo hizo. Trump había pedido eliminar el filibusterismo por completo y cancelar el receso legislativo para forzar una votación, pero la mayoría de los senadores de su propio partido ignoró el pedido.

Con esa derrota legislativa total y las elecciones ya en el calendario, la emergencia nacional se perfila como el atajo que le permitiría a Trump lograr por decreto lo que el Congreso no le dio por ley. La maniobra se apoyaría en una lectura polémica —pero no descartable, según analistas legales— de un fallo de la Corte Suprema de 1983 que el alto tribunal nunca ha revisado a fondo, y que en teoría le otorga al presidente amplias facultades bajo una declaración formal de emergencia.

No es la primera señal de este tipo

Esta no es la primera vez que Trump insinúa un plan de este tipo. En febrero, instó a su propio partido a “tomar el control de la votación en al menos 15 lugares” y llamó a los republicanos a “nacionalizar la votación”. En marzo, el Washington Post reportó que activistas afines a Trump hacían circular un posible decreto que argumentaba que una supuesta interferencia china en las elecciones de 2020 le otorgaría a Trump facultades de emergencia sobre los comicios de 2026 —una teoría con evidencia débil que, aun así, se convirtió en el eje de un discurso presidencial en horario estelar. No está claro en absoluto, según juristas consultados, que Trump pueda asumir por sí mismo el control de elecciones que tradicionalmente administran los estados, ni qué tan lejos podría llegar una eventual declaración de emergencia si es impugnada en los tribunales.

Por qué esto importa: una emergencia nacional de este tipo abriría una disputa constitucional sin precedentes recientes sobre hasta dónde puede llegar el poder presidencial para intervenir en reglas electorales que, en Estados Unidos, siempre han sido competencia de cada estado, no del gobierno federal. Para los votantes hispanos, que ya se perfilan como un bloque decisivo en noviembre según hemos documentado, la posibilidad de que Washington intente imponer requisitos de identificación o restringir el voto por correo desde el Despacho Oval —en lugar de a través del proceso legislativo normal— sería un cambio de reglas sin precedentes a apenas meses de que empiecen a votar.