Las tensiones entre el presidente Donald Trump y el líder de la mayoría del Senado, John Thune, se convirtieron esta semana en una fractura pública dentro del Partido Republicano. Según reportó CNN, Trump ha lanzado dardos repetidos contra la conducción de Thune en la Cámara Alta, incluyendo el intento de presionar a senadores para aprobar la “SAVE America Act” pese a que el propio Senado ya la había rechazado, además de cancelar sorpresivamente una ceremonia de firma de un proyecto de ley de vivienda que los republicanos querían capitalizar en año electoral. “Tenemos que estar hablando de las victorias, hablando de lo locos que están los demócratas, y en cambio nos estamos apuñalando entre nosotros”, dijo un senador republicano a la cadena.

La relación entre ambos hombres, nunca cercana en lo personal, se deteriora justo cuando el Senado se dirige a un receso de cinco semanas y coincide con la muerte del senador Lindsey Graham, quien —según varios legisladores republicanos— funcionaba como un “pilar” que mantenía comunicación fluida entre Trump y Thune. Sin ese puente, días o incluso semanas pueden pasar sin que Thune tenga contacto directo con la Casa Blanca, enterándose de los últimos golpes de Trump a través de Truth Social o de la prensa, según las mismas fuentes.

Altos funcionarios de la Casa Blanca, incluida la jefa de gabinete Susie Wiles y el director de Presupuesto Russ Vought, han estado presionando a los senadores para alinear la agenda con las prioridades de Trump, en momentos en que el Senado también debe resolver asuntos de gran envergadura como el proyecto de sanciones a Rusia impulsado por el propio Graham antes de su muerte, y una medida de financiamiento provisional para mantener operando al gobierno.

Por qué esto importa: la fractura no es solo un choque de personalidades — llega en el peor momento posible para los republicanos, que defienden mayorías frágiles en el Senado y la Cámara con las elecciones intermedias de noviembre a la vista. Un partido dividido en la cúpula de su liderazgo legislativo, justo cuando debería estar mostrando unidad frente a los votantes, es exactamente el tipo de historia que puede pesar en distritos reñidos donde se decide el control del Congreso — un resultado que afecta directamente el ritmo y la dirección de toda la agenda de la Casa Blanca, incluida la migratoria, durante los dos años que restan del mandato de Trump.