Venezuela y República Dominicana anunciaron el 1 de agosto el inicio de un proceso de normalización gradual de sus relaciones diplomáticas y consulares, suspendidas durante dos años por el cuestionamiento de Santo Domingo a la reelección de Nicolás Maduro en 2024. Según el comunicado de la cancillería venezolana, la hoja de ruta comenzará con la reactivación de la atención consular, y posteriormente ambas naciones buscarán avanzar hacia la normalización total del vínculo bilateral.
La diáspora venezolana radicada en República Dominicana recibió el anuncio con optimismo, según reportó El Nacional. Para miles de connacionales en la isla, la reactivación de las oficinas consulares les permitiría por fin tramitar documentos vencidos y formalizar su situación migratoria, un trámite que llevaba dos años virtualmente congelado. En redes sociales, sin embargo, la reacción también incluyó escepticismo: una usuaria identificada como Greisy resumió el sentir de muchos al pedir que esta vez “se abran las embajadas, que no se quede en un simple comunicado, como pasó en febrero”, en referencia a un anuncio similar que nunca se concretó.
El acercamiento con República Dominicana se suma a una serie de gestos diplomáticos recientes del gobierno de Delcy Rodríguez, que en los últimos días también anunció el inicio de un proceso para restablecer relaciones con Perú y confirmó el retiro de Venezuela de la Corte Penal Internacional —parte de una estrategia de política exterior que prioriza la reconstrucción de vínculos bilaterales pragmáticos sobre el escrutinio de organismos multilaterales.
Por qué esto importa: para cientos de miles de venezolanos que llevan dos años sin poder renovar un pasaporte, legalizar un documento o resolver trámites básicos en países donde las relaciones consulares quedaron rotas, cada anuncio de este tipo representa una promesa concreta con consecuencias reales sobre su capacidad de trabajar, viajar o regularizar su situación migratoria — pero también, como bien resume el escepticismo de la comunidad en Santo Domingo, una promesa que solo importa de verdad si esta vez sí se traduce en una embajada funcionando, no en otro comunicado más.
