Todos los años pasa lo mismo en la ONU: Cuba presenta su resolución contra el embargo de Estados Unidos, la aprueba casi todo el planeta y el régimen la celebra como una gran victoria diplomática. Este año también se aprobó. Pero esta vez el número cuenta otra historia.

La Asamblea General votó este miércoles 130 a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, según EFE en Infobae. Para ponerlo en contexto: en 2025 fueron 165 a favor y apenas 7 en contra; en 2024, 187 a favor; y el máximo histórico fue en 2016, con 191 votos, en plena era del acercamiento de Obama, según Infobae. Los 17 votos en contra de este año son la cifra más alta desde que Cuba empezó a presentar la resolución, en 1992.

Lo que más me llama la atención es quién cambió. Colombia pasó de votar a favor a votar en contra. Ecuador y Costa Rica pasaron de la abstención al voto en contra. Chile, Perú y Honduras, que habían votado a favor, esta vez se abstuvieron. Hasta Alemania, que acompañaba la resolución sin interrupción desde 2002, se abstuvo. Es un giro regional muy claro, y no es casual: Washington había pedido en los días previos que votaran en contra, y el mapa político de América Latina cambió mucho en dos años.

La sesión, además, terminó en escándalo. Según EFE, miembros de la delegación cubana golpearon las mesas e interrumpieron al embajador de Estados Unidos, Mike Waltz, en un enfrentamiento a gritos sin precedentes en el pleno, y Estados Unidos expulsó al primer secretario de la delegación cubana por intentar agredir a un funcionario de la ONU. Waltz les dijo a los demás países: “No contribuyan con sus votos al maltrato del pueblo cubano”. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla, por su parte, acusó a Washington de recurrir a “una mentira absoluta y rotunda” y denunció presiones para cambiar votos.

La resolución no cambia nada, pero el número sí

Conviene recordar algo que el régimen nunca dice: la resolución no es vinculante. Solo el Congreso de Estados Unidos puede levantar el embargo. Lo que la votación medía, año tras año, era otra cosa: la simpatía internacional hacia el relato de La Habana, ese que atribuye todos los males de la isla al “bloqueo”. Y ese relato está perdiendo apoyos a una velocidad que no habíamos visto.

Mientras tanto, la realidad de los cubanos sigue siendo la misma de la que hemos hablado en este sitio. Apagones nacionales, el cuarto del año fue en julio, con la termoeléctrica Guiteras averiada y apenas 940 megavatios disponibles frente a una demanda de 2.900, iglesias repartiendo comida y precios que no alcanzan. El embargo existe, pero no explica por qué un país no puede mantener encendida su propia red eléctrica.

Y hay un detalle que no quiero dejar pasar: Venezuela, el aliado que durante dos décadas le mandó petróleo a Cuba, tampoco votó esta vez. Tiene suspendido su derecho a voto por no pagar sus cuotas, y eso merece su propia historia, que les cuento en esta nota.

Me quedo con esta pregunta: si cada año la dictadura cubana pierde más amigos en el mundo, ¿cuánto falta para que también los pierda dentro de la isla?