El gobierno cubano proyecta para 2026 un crecimiento económico de 1%, la misma tasa que se había fijado como meta para 2025 sin lograr alcanzarla, debido a la contracción del Producto Interno Bruto (PIB) que finalmente registró el país. Según el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso Vázquez, Cuba operará este año bajo el precepto de “manejar la crisis” y “mitigar los impactos de la guerra económica”, en lo que el propio funcionario describió como un contexto de “economía de guerra”, marcado por amenazas, riesgos y tensiones que podrían intensificarse.

Una proyección independiente mucho más pesimista

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el organismo de Naciones Unidas dedicado al análisis económico regional, contradice de forma directa la meta oficial cubana: estima que el crecimiento real del país en 2026 será de apenas 0.1%, una décima parte de lo que proyecta el propio gobierno. Según la CEPAL, para dinamizar realmente la economía cubana se requiere abordar distorsiones estructurales de fondo y corregir problemas como la escasez de insumos importados y de financiamiento, la inflación, y la devaluación del peso cubano en el mercado informal, factores que el organismo considera que la meta oficial de 1% no logra capturar con realismo.

Los números detrás del optimismo oficial

La expectativa gubernamental de crecimiento se apoya en mejores perspectivas para el turismo y los servicios de exportación, en particular los servicios médicos, que el propio Alonso describió como un pilar para la obtención de divisas. En el ámbito inflacionario, el gobierno prevé un aumento de 10% en los precios del mercado formal para este año, lo que representaría una reducción de cinco puntos porcentuales frente a la inflación interanual registrada al cierre de 2025, cuando alcanzó 14.07%. El déficit fiscal estimado para 2026 asciende a 74,500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3,100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas, una cifra similar a la del año anterior.

El historial reciente que explica el escepticismo

Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo 11% de forma acumulada, y en 2024 específicamente el PIB retrocedió 1.1%, marcando el segundo año consecutivo de caída. Es precisamente ese historial el que alimenta la brecha entre la meta oficial de 1% para este año y la proyección de la CEPAL: el propio gobierno ya fijó una meta idéntica para 2025 y no logró cumplirla, lo que hace que repetir exactamente la misma cifra para 2026, sin cambios estructurales evidentes, resulte difícil de sostener frente a un organismo internacional que hace su propio cálculo independiente.

Los problemas estructurales que el propio gobierno admite

Vale la pena señalar que las autoridades cubanas no niegan la gravedad de la situación: reconocen explícitamente la persistencia de escasez de productos básicos, apagones, el mismo fenómeno que documentamos ampliamente esta semana, con hasta 68% de la isla sin electricidad simultáneamente, inflación elevada, dolarización creciente y fuerte migración. El propio primer ministro Manuel Marrero Cruz había explicado ante la Asamblea Nacional en diciembre que el Programa de Gobierno se ejecutó bajo condiciones adversas derivadas del acceso restringido a divisas, la inestabilidad del sistema electroenergético, y presiones inflacionarias generadas por una combinación de factores externos e internos.

Por qué esto importa para la diáspora cubana en Estados Unidos: la brecha entre la meta de crecimiento que fija el propio gobierno cubano y la proyección, diez veces menor, de un organismo independiente como la CEPAL, ofrece una medida honesta de cuán distante está la promesa oficial de la realidad económica que probablemente enfrentarán las familias cubanas este año. Para la diáspora que sostiene económicamente a sus familiares en la isla mediante remesas, estos números, déficit fiscal de más de 3,000 millones de dólares, inflación que apenas se espera moderar, y una economía que la ONU calcula que prácticamente no crecerá, confirman que la carga de sostener a sus seres queridos desde el exterior seguirá siendo, con toda probabilidad, tan pesada como en los años recientes.