El acuerdo petrolero que Trump calificó como “el mayor de la historia mundial” no surgió de la nada. Es el resultado de casi nueve meses de negociación, cambios legales internos en Venezuela, y movimientos diplomáticos y comerciales que fuimos documentando por separado en esta sección, semana tras semana. Esta es la cronología completa que conecta cada pieza del acuerdo que ya explicamos en detalle.

3 de enero: la captura de Maduro, y la primera promesa petrolera

El mismo día en que se anunció la captura de Nicolás Maduro, Trump ya adelantaba públicamente sus intenciones sobre el petróleo venezolano, durante la rueda de prensa del evento: “vamos a hacer que nuestras muy grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura gravemente deteriorada, la infraestructura petrolera, y comiencen a generar dinero para el país”, declaró el mandatario.

4 de enero: Trump lo dice sin rodeos

Al día siguiente, ante un grupo de periodistas, Trump fue todavía más directo sobre el interés real detrás de la intervención: “necesitamos acceso al petróleo y a otras cosas de su país que nos permitan reconstruir su país”.

6 de enero: la primera entrega concreta de crudo

Apenas tres días después de la captura, Venezuela anunció la entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo “no sancionado” hacia el mercado estadounidense. El secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, confirmó entonces que su país comercializaría ese crudo almacenado y, de forma indefinida, la producción que saliera de Venezuela hacia el mercado internacional. Fue, en retrospectiva, el primer paso operativo concreto de lo que terminaría siendo el acuerdo de agosto.

Enero: la reforma legal que abrió la puerta

Ese mismo mes, la Asamblea Nacional venezolana aprobó una reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos que amplió la autonomía de los productores privados y facilitó la participación de empresas extranjeras en el sector, además de crear nuevos mecanismos de contratación y operación de activos petroleros. Sin esa reforma legal previa, la estructura de concesión de 100 años que se anunció en agosto habría carecido del marco jurídico interno necesario para sostenerse.

Los meses intermedios: negociación bajo relativo silencio público

Entre febrero y julio, las conversaciones entre Washington y Caracas sobre el futuro de la industria petrolera avanzaron con relativamente poca visibilidad pública, mientras documentamos en esta sección otros frentes de la relación bilateral: la reactivación de licencias específicas como la de la petrolera india ONGC, y el propio proceso de negociación política más amplio entre la Asamblea Nacional de 2015 y el gobierno interino, que en agosto produjo la reforma del Tribunal Supremo de Justicia que también cubrimos en esta sección.

27 de agosto: el movimiento regulatorio que precedió al anuncio

Un día antes del anuncio de Trump, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro modificó varias licencias relacionadas con Venezuela, un ajuste técnico que en retrospectiva funcionó como preparación regulatoria directa para lo que se anunciaría apenas 24 horas después.

28 de agosto: el anuncio del “mayor acuerdo petrolero de la historia”

Trump anunció finalmente, a través de Truth Social, el control mayoritario de Estados Unidos sobre más de 65,000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas, mediante una concesión de 100 años negociada con la presidenta interina Delcy Rodríguez. Es el punto de llegada de una negociación que, vista con la perspectiva completa de estos nueve meses, no fue un giro repentino, sino la culminación planificada de una estrategia que Trump había anunciado, casi palabra por palabra, el mismo día de la captura de Maduro.

Lo que viene ahora

Con el marco legal ya reformado desde enero, las primeras licencias específicas ya otorgadas, y empresas como Hunt Oil ya operando en campos concretos, la pregunta que documentamos en el resto de esta serie, sobre la viabilidad técnica, financiera y legal del acuerdo, no es ya si el proceso comenzará, sino qué tan rápido, y en beneficio de quién, se materializará esta nueva etapa de la industria petrolera venezolana.