Esta es de las noticias que hay que leer dos veces. Según The New York Times, que cita a funcionarios estadounidenses bajo anonimato, el gobierno de Donald Trump está negociando con Venezuela un acuerdo sobre el estatus de las fuerzas, lo que en Washington llaman un SOFA, que sentaría las bases para una posible presencia militar de Estados Unidos a largo plazo en el país. Las negociaciones las lleva el Departamento de Estado de Marco Rubio, y del lado venezolano está la administración de Delcy Rodríguez, según el resumen que publicaron AlbertoNews y Noticiero Digital.
Les explico qué es un SOFA, porque el nombre asusta más de lo que dice. Es un marco legal que define bajo qué reglas operan los militares de un país en el territorio de otro: quién los juzga si cometen un delito, cómo entran y salen, qué pueden hacer. El propio Departamento de Estado dice que estos acuerdos dan “un marco jurídico claro y predecible” para visitas de buques, entrenamientos, ejercicios y ayuda humanitaria, y que tiene más de cien firmados en el mundo. Un SOFA no es una base militar. Pero sin un SOFA no hay base posible.
Lo que no se sabe pesa tanto como lo que sí. El Times no da número de tropas ni lugares; eso, según los funcionarios, se definiría en acuerdos futuros. Tampoco aclararon si EE.UU. construiría instalaciones propias o usaría instalaciones militares venezolanas. Un alto funcionario del Departamento de Estado en Caracas dijo que hablar de bases está “muy, muy lejos de concretarse”. Hoy, lo que hay oficialmente es un agregado militar en la embajada y un pequeño destacamento de marines; durante los terremotos de junio el Comando Sur llegó a desplegar unas 2.000 personas, que ya se retiraron. La embajada venezolana en Washington no respondió al periódico.
Y aquí viene lo que a mí me hace ruido. El lunes, Rubio recibió al canciller Oliver Blanco y el resumen oficial de esa reunión habló de presos políticos, reconciliación y elecciones, pero no dijo una palabra de un acuerdo militar. Ese mismo día, en un discurso en Washington, Trump se refirió a “nuestra conquista de Venezuela”. Con esa palabra. Es decir, mientras la diplomacia habla de transición, el presidente habla de conquista, y por debajo se negocia el papel que lo haría duradero.
No lo digo por nostalgia soberanista de la que usó el chavismo durante 25 años para tapar sus propios abusos. Yo celebro que Maduro esté preso en Nueva York y quiero ver a Venezuela fuera de las manos de quienes la destruyeron. Pero justamente por eso la pregunta es quién firma. Un acuerdo así, de los que suelen quedar vigentes por años, lo estaría negociando un gobierno que nadie eligió, encabezado por Delcy Rodríguez, la misma figura que fue pieza central del régimen. Si el compromiso es con Venezuela y no con quien hoy está sentado en Miraflores, lo lógico sería que lo ratificara un gobierno con mandato de las urnas. Y esas urnas todavía no tienen fecha, como les vengo contando aquí.
Los expertos que consultó el Times recuerdan además que el chavismo conserva entre 10% y 20% de apoyo, incluso dentro de la Fuerza Armada, y que esos sectores podrían resistirse. María Corina Machado, que regresó al país a finales de octubre, no se ha pronunciado sobre una presencia militar estadounidense.
Me quedo con esta pregunta, y se la dejo a ustedes: ¿quieren que el acuerdo que defina la relación militar de Venezuela con EE.UU. por muchos años lo firme Delcy Rodríguez, o un presidente que ustedes hayan elegido?
