Un informe presentado este lunes en Madrid por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) reveló que el 94% de los cubanos vive en situación de extrema pobreza, y que ocho de cada diez ha tenido que privarse en el último año de alguna de las comidas diarias, por falta de alimentos disponibles o de dinero para adquirirlos.

Un dato que hay que leer junto a las cifras oficiales

La magnitud de estas cifras adquiere otra dimensión al contrastarlas con los indicadores económicos que hemos venido documentando en esta sección. El gobierno cubano proyecta un crecimiento de 1% para 2026, la misma meta que ya incumplió el año anterior, mientras la CEPAL, organismo independiente de Naciones Unidas, estima apenas 0,1%.

En materia de precios, el gobierno prevé una inflación de 10% en el mercado formal. El problema, como señalamos al reportar la cotización del dólar informal en 678 pesos, es que buena parte de la economía real cubana no ocurre en ese mercado formal, sino en el circuito informal donde los precios responden a una lógica distinta.

La cadena que explica el 94%

Los elementos que componen este cuadro los hemos ido documentando por separado durante las últimas semanas, y juntos explican por qué el porcentaje es tan alto:

La crisis energética dejó apagones que afectan hasta el 71% del territorio de forma simultánea, con ocho de las 16 unidades termoeléctricas fuera de servicio y cortes de hasta 20 horas seguidas en La Habana. Sin electricidad estable no hay refrigeración de alimentos, ni producción, ni servicios básicos funcionando con normalidad.

La brecha cambiaria entre el dólar oficial y el informal determina que los salarios estatales, pagados en pesos, alcancen cada vez menos para acceder a productos que se comercializan fuera del circuito estatal.

La contracción acumulada del 11% que sufrió la economía cubana entre 2020 y 2024 no se ha revertido, y el déficit fiscal estimado para este año asciende a 74,500 millones de pesos cubanos, unos 3,100 millones de dólares.

Lo que el propio Estado ya no cubre

El fenómeno de las “solineras” que documentamos hace unos días ilustra bien el punto: negocios privados con paneles solares que se han convertido en salvavidas para que la población pueda cargar dispositivos y vehículos, ante la incapacidad del sistema eléctrico estatal de garantizar el servicio.

Es la misma lógica detrás de la reciente autorización gubernamental para que existan empresas privadas de más de 100 trabajadores: un reconocimiento implícito de que la capacidad de generar empleo y resolver necesidades básicas se trasladó del Estado al sector privado.

El dato más difícil de leer

De todas las cifras del informe, la que más pesa es la de las comidas. Que ocho de cada diez personas hayan tenido que saltarse alguna comida en el último año no es un indicador macroeconómico abstracto: es una medida directa de hambre en un país donde el salario estatal promedio no alcanza para cubrir la canasta básica.

Para la diáspora cubana que sostiene económicamente a sus familiares mediante remesas, este informe pone números a algo que ya conocen por las llamadas semanales: que ese envío mensual no es un complemento al ingreso familiar, sino, en muchos casos, la diferencia entre comer y no comer.