En las últimas semanas han comenzado a surgir por toda Cuba las llamadas “solineras”: instalaciones privadas de carga de vehículos que funcionan con paneles solares, y que se han convertido en un salvavidas ante la falta crónica de corriente eléctrica en los domicilios. Es un fenómeno económico revelador, porque muestra cómo el sector privado cubano está llenando, a su propio costo y riesgo, el vacío que dejó el colapso del sistema eléctrico estatal que documentamos ayer, cuando los apagones afectaron hasta el 71% del territorio nacional.

Cómo funciona el negocio

A 30 kilómetros de La Habana, en Playa Mégano, Eduardo León acaba de inaugurar una de estas instalaciones, según reportó EFE. Su solinera puede llegar a suministrar electricidad a unos 60 vehículos eléctricos al día, y además ofrece sus enchufes a los vecinos para que puedan cargar sus aparatos eléctricos personales, desde teléfonos hasta lámparas y ventiladores portátiles.

Un mercado creado por la falla del Estado

El modelo de negocio detrás de las solineras es, en el fondo, una respuesta directa a la incapacidad del Sistema Electroenergético Nacional cubano de garantizar suministro básico. Como documentamos ayer, la isla enfrentó un déficit de generación superior a los 2,300 megavatios, con ocho de sus 16 unidades termoeléctricas fuera de servicio de forma simultánea. En La Habana, los cortes alcanzan hasta 20 horas seguidas, con apenas dos o tres horas de servicio real, mientras que en las provincias del interior se registran cortes de más de dos días consecutivos.

El contexto económico más amplio

Este fenómeno se enmarca en la misma tendencia que documentamos hace unos días al reportar las proyecciones económicas de la isla: mientras el gobierno cubano proyecta un crecimiento de 1% para 2026, la CEPAL, organismo independiente de Naciones Unidas, estima apenas 0.1%. En ese contexto de estancamiento estructural, la aparición de negocios privados que resuelven necesidades básicas que el Estado ya no cubre se ha convertido en una de las pocas dinámicas económicas con crecimiento visible dentro del país.

Lo que las solineras revelan sobre el modelo económico cubano

El auge de estas instalaciones plantea una paradoja que va más allá de lo energético: el mismo Estado que durante décadas mantuvo el monopolio sobre la generación y distribución eléctrica hoy depende, en la práctica, de que emprendedores privados adquieran paneles solares por su cuenta para que la población pueda cargar sus dispositivos y vehículos. Es una transferencia silenciosa de responsabilidad, desde la estructura estatal hacia el bolsillo particular de quienes pueden costear la inversión inicial, en un país donde el salario promedio hace prácticamente imposible que la mayoría acceda a ese tipo de capital.

Para la diáspora cubana que sostiene económicamente a sus familiares en la isla mediante remesas, el surgimiento de las solineras representa algo más que una curiosidad tecnológica: es una confirmación de que resolver necesidades básicas en Cuba depende cada vez más de la capacidad individual de pagar por soluciones privadas, y cada vez menos de cualquier servicio público que el Estado todavía prometa garantizar.