El arancel global del 10% que la administración Trump impuso bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 —el mismo que reportamos hace unos días que vencería el 24 de julio por su límite legal de 150 días— efectivamente expiró en esa fecha. Pero tal como advertíamos entonces, el vencimiento no trajo ningún alivio real: en el mismo minuto en que caducó, entraron en vigor nuevos aranceles bajo la Sección 301 del Trade Act, de entre 10% y 12.5%, aplicados sobre productos provenientes de 46 países, entre ellos China, Vietnam, India, Tailandia, Japón y Corea del Sur.

La diferencia entre ambos mecanismos no es solo cosmética, y tiene consecuencias prácticas importantes. La Sección 122 tenía, por ley, un límite estricto de 150 días —esa era la razón misma del vencimiento del 24 de julio. La Sección 301, en cambio, no tiene ninguna fecha de expiración incorporada: es un arancel de duración indefinida, que solo puede eliminarse mediante litigio judicial exitoso o una negociación comercial específica. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) había fijado su propia fecha límite interna del 20 de julio para completar esta transición, pero la dejó pasar sin publicar la regla final, generando varios días de incertidumbre entre importadores hasta que el anuncio llegó, como estaba previsto, muy cerca del cierre del plazo de la Sección 122.

El impacto no se limita a esos 46 países: por separado, el 20 de julio Trump firmó tres proclamaciones bajo la Sección 338 que imponen un arancel del 50% sobre una selección de productos canadienses —autos, alcohol, lácteos, muebles, entre otras categorías—, que entrará en vigor el 19 de agosto y que, a diferencia de la Sección 122, aplica incluso a productos que calificaban para arancel cero bajo el tratado comercial USMCA. Los productos de la Unión Europea, mientras tanto, quedaron protegidos por un techo del 15% negociado por separado el 1 de julio, y las importaciones desde Canadá y México no certificadas bajo USMCA no vieron cambios inmediatos en la frontera pese a los titulares sobre la no renovación de ese tratado.

Por qué esto importa más allá del debate legal entre secciones del código comercial: la lección práctica para cualquier familia que compra ropa, electrónica o electrodomésticos importados es la misma que anticipamos hace unos días —el mecanismo legal cambió, pero el costo adicional en la caja registradora, en la mayoría de los casos, no desapareció. Con la tasa arancelaria efectiva promedio de Estados Unidos en niveles no vistos desde 1946 incluso después de esta transición, según el Yale Budget Lab, la pregunta relevante para el consumidor promedio ya no es si hay aranceles, sino cuál mecanismo legal específico los sostiene esta semana —y ese mecanismo, a diferencia del anterior, ya no tiene una fecha de vencimiento marcada en el calendario.