El petróleo cayó este viernes por tercer día consecutivo, con el Brent perdiendo 0,75% hasta cotizar en 104 dólares por barril, según reportó Infobae. Es un retroceso que ocurre pese a que las tensiones en dos de los pasos marítimos más críticos del mundo, el Estrecho de Ormuz y el de Bab el-Mandeb, siguen sin resolverse.
Lo que provocó la caída: menos temor a un colapso saudí
La razón detrás de este descenso, según el propio reporte, fue la disminución de las inquietudes sobre posibles interrupciones del suministro proveniente de Arabia Saudí, pese a los nuevos ataques registrados entre el reino y los rebeldes hutíes de Yemen. Un analista citado por Infobae ofreció una lectura relevante: “si observamos una mejora sostenida en el tráfico del estrecho de Ormuz, parte de la presión geopolítica podría disminuir aún más”.
El incidente que confirma que el bloqueo sigue vigente
Pese a esta caída de precios, Irán demostró este mismo viernes que mantiene un control activo sobre quién puede cruzar el estrecho: la Guardia Revolucionaria iraní impidió el paso de un petrolero con bandera de Togo que trataba de cruzar Ormuz “ilegalmente”, según el mismo reporte. Es un recordatorio de que, aunque el mercado esté interpretando señales de alivio en los precios, el control físico del tránsito por esa vía sigue firmemente en manos iraníes.
La estrategia detrás del ataque al oleoducto saudí, según un análisis reciente
Un análisis publicado esta semana por El Español ofreció una explicación estratégica sobre por qué Irán decidió atacar el oleoducto East-West saudí, la misma ruta terrestre cuya interrupción documentamos hace unos días: la intención habría sido frustrar deliberadamente el diálogo que buscaba reabrir Ormuz, mientras sus aliados atacaban simultáneamente esa gran vía alternativa. Es decir, el ataque al oleoducto no habría sido un hecho aislado, sino parte de una estrategia coordinada para mantener cerradas todas las rutas de escape al mismo tiempo.
El detalle histórico que pocos recuerdan: por qué existe ese oleoducto
El propio análisis de El Español recordó un dato curioso: Arabia Saudí construyó el oleoducto Este-Oeste en la década de los ochenta precisamente por temor a que la guerra entre Irán e Irak cerrara Ormuz en aquel momento. Son 1,200 kilómetros desde los campos de la Provincia Oriental hasta el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, con capacidad para siete millones de barriles diarios. Cuatro décadas después, ese mismo oleoducto construido como plan de contingencia se convirtió, esta semana, en el nuevo objetivo del conflicto.
El contraste con el panorama de hace apenas siete meses
Vale la pena dimensionar cuánto ha cambiado la situación energética global. El 12 de febrero de este año, con la campaña de drones ya en pleno funcionamiento mucho antes de esta escalada específica, el petróleo cotizaba por debajo de los 69 dólares, y la Agencia Internacional de la Energía había anunciado que las reservas mundiales crecían al mayor ritmo desde 2020, con un excedente considerable proyectado para el resto del año. Ese escenario de abundancia quedó completamente superado por la escalada que documentamos durante todo septiembre.
Lo que esto significa para el resto de la semana
Esta caída de tres días consecutivos ofrece un respiro parcial después de la crisis del diésel que documentamos ayer, con el crack spread de refinación en máximos históricos. Pero el episodio del petrolero de Togo confirma que cualquier alivio en el precio del crudo sigue siendo, por ahora, más una señal de mercado que una normalización real del tránsito por una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
