El diésel en Estados Unidos alcanzó un nuevo récord histórico el 17 de septiembre: 6,3956 dólares por galón de media nacional, según datos de AAA. La gasolina regular también aprieta, con 4,4386 dólares por galón. Desde el 20 de enero de 2025, inicio del segundo mandato de Trump, el diésel ha subido alrededor de 72%, y la gasolina más de 42%.
El dato que cambia toda la lectura de esta crisis
Aquí está el elemento que la mayoría de la cobertura sobre precios de combustible pasa por alto: el diésel tocó su récord anterior en junio de 2022, en 5,82 dólares por galón, con el petróleo cotizando considerablemente más caro que ahora. El récord actual se alcanzó con el crudo 28 dólares por barril más barato que en aquel momento. Si el precio del petróleo fuera la causa principal, el diésel debería estar más barato ahora, no más caro. No lo está, lo que significa que el problema se encuentra en otro punto de la cadena: entre el barril de crudo y el surtidor.
El “crack spread”: la cifra que hay que entender
Ese punto tiene nombre técnico: el crack spread, el margen que ganan las refinerías al convertir crudo en combustible terminado. El crack spread del diésel tocó un máximo intradía de 108,02 dólares por barril el 3 de septiembre, un nivel que el mercado nunca antes había sostenido, según un análisis de Discovery Alert. No fue un pico de un solo día: coronó una escalada de varias semanas, con un nivel previo de 99,82 dólares en agosto.
Quién se está beneficiando de esta crisis
La consecuencia directa de ese margen histórico ya se refleja en las cuentas corporativas: tres de las mayores refinerías del país, Marathon Petroleum, Valero y Phillips 66, ganaron en conjunto 12,600 millones de dólares solo en el segundo trimestre de 2026, según reportó Xataka.
Los tres choques de oferta que identifica la propia AIE
La Agencia Internacional de la Energía identificó tres choques de suministro simultáneos, los más grandes registrados en la historia del mercado petrolero según el análisis de Discovery Alert: el conflicto de Ormuz, que ha recortado aproximadamente 13% del suministro global, que hemos documentado extensamente en esta serie; las prohibiciones rusas a la exportación de diésel, tras los ataques con drones ucranianos contra refinerías rusas; y las propias limitaciones de capacidad de refinación en Estados Unidos, que actualmente opera al 98% de su capacidad, según Moncloa.
La advertencia sobre lo que viene: todo el invierno
En la conferencia Asia Pacific Petroleum de Singapur, Russell Hardy, director ejecutivo de Vitol Group, la misma fuente que citamos hace unos días sobre el tránsito real por Ormuz, situó el déficit mundial de productos refinados en torno a cuatro millones de barriles diarios, combinando las pérdidas rusas y las de Oriente Medio. La Administración de Información Energética proyecta que las reservas estadounidenses de destilados caerán por debajo de 100 millones de barriles durante septiembre, y permanecerán por debajo del promedio de los últimos cinco años durante el resto de 2026 y buena parte de 2027.
La tentación proteccionista que ya llegó al Senado
Ante este panorama, el líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, se mostró abierto a estudiar una prohibición de exportar diésel, si eso ayudara a bajar los precios internos. Pero la propia Casa Blanca se lo piensa dos veces: el secretario del Interior, Doug Burgum, reconoció que una medida así podría desatar represalias de otros países que a su vez restrinjan el suministro de combustible hacia mercados estadounidenses que dependen de importaciones.
Por qué esto contradice directamente el discurso oficial
Esta alza “muy impopular”, según describió Diario.mx, contradice las reiteradas promesas de Trump de bajar los precios en las gasolineras, a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre. Es exactamente la misma tensión que documentamos hace unos días en nuestro análisis sobre si la guerra con Irán responde a una lógica de recursos petroleros o al calendario electoral: el propio presidente prometió que los precios “se desplomarán” justo después de las elecciones, una promesa que, según toda la evidencia técnica de esta crisis de refinación, no depende únicamente de la resolución del conflicto militar.
Lo que ya se siente en Europa
El problema ya cruzó el Atlántico. Según el Boletín Semanal del Petróleo de la Comisión Europea, la media de la Unión Europea se situaba en 2,028 euros por litro de diésel al 7 de septiembre, con Alemania en 2,34 euros, muy por encima de su media decenal de 1,48 euros. Las importaciones europeas de diésel cayeron de 1,97 millones de barriles diarios en enero a 1,56 millones en julio, según Reuters, justo cuando Estados Unidos, uno de los grandes exportadores mundiales de diésel, empieza a debatir restringir sus propias exportaciones para atender la demanda interna.
Para las familias hispanas que dependen del transporte de carga para el precio de los alimentos y bienes básicos, esta crisis de refinación, más estructural que la simple escalada del crudo, sugiere que el alivio en el surtidor podría tardar considerablemente más de lo que cualquier resolución diplomática en Medio Oriente permitiría anticipar.
