El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, admitió el martes ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes que no puede confirmar si el dinero proveniente del petróleo venezolano bajo control estadounidense está llegando a manos de ciudadanos de Estados Unidos. Ante la pregunta directa del congresista Sean Casten (demócrata por Illinois), Bessent respondió con una sola palabra: “no”.
La magnitud del activo, según el propio Bessent
El propio secretario del Tesoro calificó estos recursos como “uno de los mayores activos que jamás haya entrado al balance de Estados Unidos”, en respuesta a Casten, quien le recordó que Trump ha declarado repetidamente que el país está “recibiendo miles y miles de millones de dólares” del crudo venezolano.
Lo que sí se puede rastrear, aunque el Tesoro no lo confirme
Ante la falta de información oficial, distintos analistas han recurrido a métodos alternativos de verificación. El Council on Foreign Relations, utilizando datos de rastreo satelital de petroleros proporcionados por Bloomberg, publicó en abril una estimación: en los primeros cuatro meses bajo control estadounidense de las exportaciones petroleras venezolanas, cruzaron aproximadamente 100 millones de barriles, con un valor estimado de 8,000 millones de dólares. El propio informe describió ese proceso como marcado por “la ausencia de transparencia y una supervisión mínima”.
Por qué esto no es la primera vez que ocurre
Esta no es una pregunta nueva sin respuesta. Casten ya había interrogado a Bessent sobre el mismo tema en febrero, cuando el secretario se negó incluso a precisar en qué cuentas del Tesoro se estaban depositando estos fondos, pese a que la propia orden ejecutiva de Trump designó al Tesoro como custodio oficial de esos recursos. En marzo, el senador demócrata Chris Van Hollen intentó obtener la misma información, con idéntico resultado: ningún detalle.
La comparación con el crecimiento del propio conflicto energético
Este vacío de transparencia adquiere una relevancia adicional en el contexto que hemos documentado extensamente esta semana: el diésel tocando récord histórico por encima de 6 dólares, el crack spread de refinación en máximos nunca antes vistos, y el petróleo global disparado por la guerra con Irán. En un momento donde cada dólar del sector energético está bajo escrutinio público por su impacto en el costo de vida, la opacidad sobre miles de millones de dólares en activos petroleros venezolanos bajo custodia estadounidense resulta, cuando menos, llamativa.
Lo que dice la propia estructura del acuerdo
Este hallazgo se suma a la lista de vacíos que hemos venido documentando sobre el acuerdo petrolero desde su anuncio a finales de agosto: la contradicción entre 100 años y 25 años de concesión, la participación real de 35% que reveló Marco Rubio en lugar del 55% inicialmente reportado, y ahora, la incapacidad, o falta de voluntad, del propio Tesoro estadounidense para explicar el destino final de miles de millones de dólares que su propio secretario reconoce como uno de los mayores activos jamás incorporados al balance del gobierno.
Lo que reclama el Congreso
Gregory Meeks, miembro de mayor rango del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, calificó este esquema como “un fondo negro extraterritorial”, una descripción que refleja la frustración bipartidista, aunque liderada hasta ahora principalmente por legisladores demócratas, ante la falta de rendición de cuentas sobre un activo de esta magnitud.
Seguiremos de cerca si el Congreso logra obtener, en futuras audiencias, la información que hasta ahora el Tesoro se ha negado a proporcionar en al menos tres ocasiones distintas desde febrero.
