El diésel promedia esta semana 5.40 dólares por galón en Estados Unidos, según datos de AAA, el nivel más alto jamás registrado para esta fecha del calendario. La gasolina regular se mantiene en 4 dólares el galón, también un récord estacional. Hace exactamente un año, en la misma semana de agosto, el diésel costaba 3.70 dólares y la gasolina 3.20 —una diferencia de más de un dólar y medio por galón de diésel en apenas doce meses.

Esa cifra importa más de lo que parece a simple vista, porque el diésel no es solo el combustible que usa el estadounidense promedio para manejar: es el que mueve casi todo lo demás. Los camiones de carga que transportan alimentos, ropa, medicinas y cualquier producto entre bodegas y tiendas funcionan con diésel, así que cuando su precio sube más rápido que el de la gasolina —como está ocurriendo ahora—, ese costo adicional termina reflejado en el precio final de casi todo lo que se compra en una tienda, no solo en lo que cuesta llenar el tanque del carro propio.

Por qué está tan caro: inventarios en mínimos y una guerra que no da tregua

El Departamento de Energía atribuye estos precios récord a la combinación de una demanda de viaje que sigue en su punto más alto del año y un suministro global de combustible restringido por dos frentes a la vez: el conflicto con Irán, que ha mantenido bajo presión el tránsito de petróleo por el Estrecho de Ormuz, y la guerra entre Rusia y Ucrania, que llevó a Moscú a extender su prohibición de exportar gasolina y diésel hasta enero de 2027 tras los ataques ucranianos a refinerías rusas. Los inventarios de gasolina en EE.UU. cayeron a mínimos de varios años, y el propio Departamento de Energía, aunque proyecta que los precios bajen más adelante en el año, revisó sus pronósticos al alza —seguirán bien por encima de los niveles normales para la temporada.

Lo que viene: una posible tregua, pero sin fecha confirmada

Hay una señal de alivio en el horizonte, aunque todavía sin confirmar: funcionarios de Pakistán señalaron que Estados Unidos e Irán estarían “cerca de algún tipo de acuerdo” sobre el Estrecho de Ormuz, y conversaciones entre Irán y Omán habrían llegado a una etapa avanzada, según un funcionario catarí citado por Al Jazeera. Si ese acuerdo se concreta, el mercado de futuros de gasolina ya lo está descontando parcialmente, con el crudo WTI retrocediendo desde sus máximos de la semana. Pero mientras no haya una confirmación oficial, los analistas coinciden en que el último tercio de 2026 seguirá siendo notablemente más caro en la bomba de gasolina que lo que el país vivió en años anteriores.

Por qué esto importa para cada familia: el precio del diésel es uno de esos números que casi nadie revisa directamente —a diferencia de la gasolina, que cada quien ve al llenar su propio tanque— pero que termina golpeando el bolsillo igual, escondido dentro del precio de la comida, la ropa y cualquier producto que llegó en camión hasta el estante de la tienda. Con el diésel ya 46% más caro que hace un año, esa presión invisible es una pieza más del mismo cuadro que documentamos hoy con la caída en la confianza del consumidor: los precios siguen subiendo más lento que antes, pero siguen subiendo, y el estadounidense promedio lo está sintiendo en cada rincón de su presupuesto, no solo en el surtidor.