El índice preliminar de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan cayó a 51.0 puntos en agosto, frente a 55.2 en julio, una baja de 7.6% que pone fin a dos meses consecutivos de mejora y quedó muy por debajo del consenso de analistas consultados por Reuters, que esperaba una lectura de 54.5 puntos. El dato llegó apenas un día después de que el S&P 500 tocara un máximo histórico, y bastó para que Wall Street diera un paso atrás: el mismo viernes 14 de agosto, el S&P 500 cayó 0.2%, el Dow Jones retrocedió 0.2% y el Nasdaq cedió hasta 0.4%, aunque los tres índices lograron cerrar la semana en verde —la tercera semana consecutiva de ganancias para el S&P y el Nasdaq.

El componente que más se deterioró fue el de expectativas: el Índice de Expectativas del Consumidor cayó 8.7% hasta 50.6 puntos, mientras que el Índice de Condiciones Económicas Actuales bajó 5.5% hasta 51.8. Las expectativas sobre negocios en el corto plazo se hundieron 11%, y las de largo plazo cayeron 17%, según la directora de la encuesta, Joanne Hsu. Solo el 8% de los consumidores espera que el crecimiento de sus ingresos supere a la inflación durante el próximo año, y las caídas más marcadas se concentraron entre los consumidores mayores, los de menores ingresos y quienes no tienen título universitario.

Hacia dónde va la economía: el consumidor aprieta el freno, pero Wall Street sigue de fiesta

El dato expone una desconexión que se ha vuelto habitual este año: mientras el consumidor promedio se siente cada vez peor, el mercado bursátil sigue marcando récords, sostenido por las ganancias de las tecnológicas y la inteligencia artificial. Analistas de Wall Street coinciden en que la economía estadounidense está buscando un equilibrio difícil de sostener: lo suficientemente débil como para enfriar la inflación, pero lo suficientemente fuerte como para que las ganancias corporativas sigan creciendo. El gasto del consumidor representa cerca de dos tercios de la actividad económica del país, así que cuando la confianza cae de esta forma, suele anticipar que la gente empieza a posponer vacaciones, salidas a comer y compras grandes como autos —justo lo que ya insinuó la fuerte caída de las ventas minoristas de julio que reportamos esta semana. El propio informe de Michigan advierte de algo que rara vez se explica bien: que la inflación esté enfriándose no significa que los precios estén bajando, solo que suben más lento. Los hogares siguen cargando con el efecto acumulado de años de precios más altos en vivienda, comida y transporte, algo que ya documentamos con el dato de que la gasolina lleva 103 días de 2026 en o por encima de los 4 dólares el galón.

El costo político: 71% desaprueba el manejo de la inflación de Trump

Este deterioro de la confianza no se está quedando en los mercados: se está convirtiendo en el problema político más grande del presidente Trump a menos de tres meses de las elecciones de medio término de noviembre. Según un compilado de encuestas citado por el analista Nate Silver, la aprobación neta de Trump está en -20% (58.3% desaprueba, 38.3% aprueba), y en el tema económico específico los números son todavía peores: -29.6% en el manejo general de la economía y -42.4% en inflación. Una encuesta de Reuters/Ipsos encontró que el 71% de los votantes registrados desaprueba cómo Trump ha manejado la inflación. El propio informe de Michigan señaló que la confianza entre los votantes republicanos cayó más que la de cualquier otro grupo, hasta quedar 19% por debajo de los niveles previos al conflicto con Irán —la más baja desde las elecciones de 2024.

El golpe es todavía más directo para la audiencia hispana: según cifras de Brookings, los votantes hispanos ya confían más en los demócratas que en los republicanos para manejar la economía por un margen de 15 puntos, la primera vez desde 2010 que los demócratas superan a los republicanos en esa confianza. La Casa Blanca ha restado importancia a las encuestas, señalando los casi 80 millones de votos que Trump obtuvo en 2024 como la verdadera medida del respaldo popular. Pero el patrón histórico —niveles de aprobación similares precedieron las fuertes pérdidas republicanas en las elecciones de medio término de 2018— es la señal de alarma que republicanos en distritos competitivos ya están mirando de cerca.

Por qué esto importa más allá de Washington: para buena parte de la audiencia hispana trabajadora en Estados Unidos, esta no es una discusión abstracta entre economistas y encuestadoras —es la razón por la que la economía, y no la inmigración ni la política exterior, se perfila como el tema que más puede decidir el voto en noviembre. La lectura final de agosto, que puede confirmar o corregir este dato preliminar, se publicará el viernes 28 de agosto, y llegará apenas unos días antes del primer discurso del presidente de la Fed, Kevin Warsh, en el simposio de Jackson Hole.