Un buque de la petrolera estatal emiratí ADNOC fue atacado la noche del viernes 14 de agosto mientras cruzaba el Estrecho de Ormuz, el tercer ataque contra embarcaciones de esa compañía en poco más de 24 horas. “Uno de nuestros buques fue atacado mientras cruzaba el estrecho de Ormuz la noche del viernes. El ataque no causó heridos y la situación fue controlada”, confirmó ADNOC en un comunicado, sin atribuir el ataque a ningún actor específico. Nadie ha reivindicado la acción hasta el momento.

El ataque de anoche se suma a otros dos ocurridos el jueves contra buques de la misma petrolera, que el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos atribuyó directamente a Irán, calificándolos de actos hostiles contra la navegación comercial. Según un balance divulgado por la propia ADNOC la semana pasada, la compañía ha sufrido ataques con misiles y drones contra 15 buques desde el inicio del conflicto, con un saldo de un tripulante muerto y otras 20 personas heridas.

El impacto sobre el tránsito marítimo real por esta vía —una de las más importantes del mundo para el transporte de petróleo, como hemos documentado repetidamente esta semana al cubrir su efecto sobre la gasolina y la Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense— es dramático: antes de la guerra, unos 120 buques cruzaban Ormuz a diario; en los últimos días, apenas 14 lo han hecho, según la plataforma de monitoreo marítimo Kpler. Una fuente iraní de alto rango confirmó a Reuters que las negociaciones para renovar el alto el fuego de junio no han avanzado, y que Irán reanudó los ataques contra buques que intentan cruzar el estrecho sin su autorización expresa.

El Ejército iraní insiste en que mantiene el control efectivo de Ormuz, y calificó como “mentiras” las afirmaciones del presidente Trump —que documentamos hoy en nuestra cobertura de política— sobre que Estados Unidos domina la ruta marítima y que planea declararla próximamente territorio estadounidense. Irán, que continúa negociando por separado con Omán, país ribereño del estrecho, mantiene su exigencia de que Washington ponga fin a la guerra, levante el bloqueo sobre sus puertos y le permita vender petróleo en mercados internacionales como condición para reabrir el paso.

Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: cada ataque adicional contra buques petroleros en Ormuz profundiza la escasez artificial de oferta que ya viene presionando al alza el precio de la gasolina en Estados Unidos, un costo que, como hemos documentado en detalle esta semana, golpea de forma desproporcionada a las familias de menores ingresos que destinan una porción mayor de su presupuesto al transporte. Con el tránsito marítimo real reducido a apenas una octava parte de su nivel normal, y sin señales de que las negociaciones entre Washington y Teherán vayan a destrabarse pronto, la presión sobre los precios de la energía que sienten las familias hispanas en su bolsillo probablemente se mantenga, o incluso se intensifique, en las próximas semanas.