Las ventas minoristas de Estados Unidos cayeron 0.6% en julio frente al mes anterior, hasta 763,600 millones de dólares, según datos del Departamento de Comercio publicados el viernes. Es la mayor caída mensual desde mayo de 2025, y contrasta fuertemente con el consenso de analistas, que esperaba un aumento de apenas 0.1% tras la ganancia de 0.2% registrada en junio. Excluyendo autos y gasolineras, las ventas bajaron 0.2%, mientras que el llamado “grupo de control” —la medida que el gobierno usa para calcular el gasto en bienes dentro del PIB— cayó 0.44%, cuando se esperaba un alza de 0.4%.
“Los consumidores estadounidenses muestran señales de fatiga”, explicó Heather Long, economista en jefe de Navy Federal Credit Union, quien atribuyó parte de la caída al agotamiento del impulso que generaron las promociones de verano —Amazon Prime Day, Walmart+ y Target Circle— y los reembolsos de impuestos que habían sostenido el gasto en meses anteriores. Cinco de las 13 categorías del informe registraron descensos, liderados por una caída de 2.2% en minoristas no presenciales como Amazon, y de 1.8% en concesionarios de vehículos y repuestos.
Ellen Zentner, estratega en jefe de Morgan Stanley Wealth Management, ofreció una lectura que conecta directamente con la cobertura que hemos venido siguiendo toda la semana: “los mercados podrían recibir bien estos datos porque refuerzan el argumento para evitar alzas de tasas de interés”. Es la misma lógica que documentamos con el CPI del miércoles y el PPI del jueves —un dato económico más débil de lo esperado que, paradójicamente, resulta favorable para sostener la pausa de tasas que el mercado espera de la Reserva Federal en septiembre.
El propio análisis de FXStreet aporta un matiz importante que vale la pena destacar: casi una cuarta parte del crecimiento interanual de las ventas minoristas —5% frente a julio del año pasado— provino específicamente de las gasolineras, donde el gasto adicional refleja precios más altos, no más consumo real. Si se excluye ese componente, el crecimiento anual real es de apenas 4.2%, prácticamente igual a la inflación de 3.4% que documentamos esta semana, lo que sugiere un consumidor esencialmente estancado en términos de poder adquisitivo real, más que en franca expansión.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: una caída de esta magnitud en el gasto de los consumidores, justo cuando los precios de la energía siguen presionados por el conflicto en el Estrecho de Ormuz que documentamos hoy mismo, confirma un panorama económico donde las familias trabajadoras enfrentan una pinza real: el costo de vida sigue subiendo, mientras la capacidad de gasto muestra signos claros de agotamiento. Para las familias hispanas, que suelen concentrar una proporción mayor de sus ingresos en categorías básicas como alimentación y combustible, esta desaceleración del consumo es menos una opción de ahorro voluntario y más una señal de que el margen financiero disponible cada mes se está reduciendo de forma tangible.
