El acceso al agua en Cuba depende cada vez más del dinero que cada familia pueda reunir, y cada vez menos de un servicio que el Estado sigue declarando universal, según un reportaje de Infobae que recorrió distintas provincias del país. Es el mismo patrón que documentamos hace unos días con las “solineras”: otro servicio básico que el sector privado, o directamente el bolsillo familiar, termina resolviendo donde el Estado ya no puede.
Lo que cuesta llenar una cisterna
En La Habana, Alberto explicó a Infobae cómo funciona el cálculo cuando se agotan las reservas: una pipa de agua cuesta 100 dólares y llena la cisterna compartida de su edificio. Dividido entre los diez apartamentos, representa 10 dólares por vivienda, pero el agua alcanza apenas para tres o cuatro días, incluso racionándola. Mantener un flujo relativamente estable requeriría entre 30 y 40 dólares mensuales por apartamento, según su propio cálculo.
La comparación que lo explica todo
El salario promedio en Cuba ronda los 12 dólares mensuales. Es decir, una sola pipa de agua puede costar casi lo mismo que el ingreso mensual completo de un trabajador cubano, y mantener un suministro mínimamente estable requeriría multiplicar ese salario varias veces. No sorprende, entonces, que los vecinos solo logren reunir dinero para una pipa durante las esperas más prolongadas, no de forma regular.
El mismo problema, con variaciones regionales
El reportaje documenta la misma crisis expresada de formas distintas según la región. En Camagüey, María Matos recibe agua dos o tres veces por semana, aunque también ha pasado 15 días sin servicio; compra el agua para beber a vendedores que la distribuyen en triciclos, y el botellón de 20 litros que antes costaba 40 centavos ahora vale 70 pesos. En Bayamo, Yunier Gutiérrez recibe el servicio cada siete o diez días y debe comprar agua semanalmente, incluso racionando sus reservas. En Baracoa, residentes de zonas rurales transportan agua en tanques instalados en carretas o detrás de tractores que funcionan como “pipas privadas” improvisadas, con cargas que pueden costar cerca de 3,000 pesos.
El origen técnico del problema, según el propio gobierno
Documentamos hace unas semanas que Díaz-Canel reconoció que los sistemas hidráulicos cubanos necesitan entre 10 y 12 horas continuas de estabilidad eléctrica para funcionar correctamente, un período que el país actualmente no puede garantizar ni siquiera cuando intenta priorizar energéticamente esas instalaciones. Es la misma crisis eléctrica que ha definido buena parte de nuestra cobertura sobre Cuba, ahora trasladada directamente al servicio de agua.
La fecha que hay que vigilar: finales de septiembre
El propio Díaz-Canel fijó un cronograma público: prometió primeros resultados de mejora para finales de este mes, avances adicionales durante octubre, y una solución más sostenible antes de que termine el año, aunque advirtió que los plazos podrían retrasarse dependiendo de las sanciones y de lo que calificó como “política agresiva” de Estados Unidos. Estamos ya en la última semana de ese primer plazo, lo que convierte los próximos días en la primera prueba real y verificable de esa promesa oficial.
Lo que esto significa para la diáspora
Para los cubanos que sostienen económicamente a sus familias desde el exterior, esta crisis del agua se suma a una lista de gastos que ya no se limita a alimentos y medicinas: ahora incluye, de forma creciente, el pago de un servicio básico que el propio Estado no logra garantizar de forma estable. Es la misma dinámica que documentamos hace unos días sobre las tensiones dentro de la diáspora cubana, donde algunos emigrados han denunciado sentirse tratados como un “cajero automático” por familiares que dependen de ellos para cubrir necesidades cada vez más elementales.
Seguiremos de cerca si el cronograma que anunció Díaz-Canel se cumple en los próximos días, o si se convierte en otra promesa más que se aplaza, como ha ocurrido repetidamente con la crisis energética que documentamos en esta misma sección.
