La petrolera italiana ENI anunció este miércoles que arrancó operaciones en Junín-5, un campo de crudo pesado en la Faja Petrolífera del Orinoco, y puso una meta que suena enorme: 200.000 barriles diarios para 2028. Lo primero que hice fue buscar el punto de partida, porque una meta sin punto de partida no dice nada. Según la propia empresa, citada por Bloomberg Línea, el campo producía unos 12.000 barriles diarios antes de esta nueva fase. O sea, la promesa es multiplicar por más de 16 lo que sale hoy de ese campo en poco más de dos años.
Les hago la cuenta, porque es lo que de verdad dimensiona el anuncio. Venezuela produjo en septiembre alrededor de 1,15 millones de barriles diarios según las fuentes secundarias de la OPEP, y 1,206 millones según lo que el propio Gobierno le reportó al cartel, como contamos aquí con datos recogidos por Finanzas Digital. Si ENI cumpliera, un solo campo aportaría el equivalente a más del 17% de todo lo que el país produce hoy. Ese es el tamaño de la apuesta. Las reservas que la empresa le atribuye a Junín-5 son 35.000 millones de barriles de petróleo en sitio certificado, y el plan, según la nota de AFP, pasa por recuperar pozos abandonados y por una “campaña intensiva de perforación de nuevos pozos”.
Lo que cambió no es solo la meta, también es quién manda. Hasta ahora Junín-5 lo explotaba Petrojunín, una empresa mixta en la que PDVSA tenía el 60% y ENI el 40%. Con la Ley Orgánica de Hidrocarburos aprobada en enero, eso se sustituyó por un “Contrato de Participación Productiva de Hidrocarburos” a 25 años, prorrogable, en el que ENI es la operadora exclusiva. PDVSA sigue siendo la estatal, pero ya no lleva el volante. Para que tengan una idea de cómo se está moviendo el sector, PDVSA dice haber firmado 61 convenios con privados desde enero, según AFP. ENI no es nueva en Venezuela: en 2025 produjo 64.000 barriles equivalentes diarios en el país, sobre todo gas del campo Perla, que según la empresa abastece cerca del 35% del gas venezolano.
Ahora, yo quiero ser cuidadoso con el entusiasmo. Ni ENI ni el Gobierno dijeron cuánto se va a invertir, y la propia nota de Bloomberg Línea advierte que el ritmo dependerá de la ejecución, de la inversión necesaria y de las condiciones operativas. Tampoco se ha publicado cuánto recibirá el Estado venezolano por cada barril de ese campo en regalías e impuestos. Esa es la pregunta que de verdad le toca al venezolano de a pie, porque producir más no sirve de mucho si el ingreso no llega a los hospitales, a la luz o al salario. Y no es una pregunta que me invente yo: este mismo jueves María Corina Machado dijo en su rueda de prensa que los contratos firmados legalmente serán honrados, pero que algunos podrían renegociarse, y pidió licitaciones abiertas y transparencia.
Doce mil barriles hoy, doscientos mil prometidos para 2028. La Faja del Orinoco ha visto muchos anuncios así y pocos se cumplieron completos. Esta vez el operador es privado, la ley es nueva y el país necesita el dinero como nunca. ¿Será este el primer anuncio petrolero en años que se mide por lo que produce y no por lo que promete?
