El hombre que iba a sentar a Nicolás Maduro en el banquillo ya no lo hará. El juez federal Alvin K. Hellerstein murió este miércoles en la mañana, a los 92 años, por causas naturales y rodeado de su familia, según informó la jueza principal del Distrito Sur de Nueva York, Laura Taylor Swain, citada por NBC New York. Estaba a punto de cumplir 93 y seguía en funciones.
El caso contra Maduro y Cilia Flores pasa ahora a la jueza Analisa Torres, del mismo tribunal, según El Tiempo y Noticiero Digital, que citan a Reuters y el expediente judicial.
Les explico primero lo que no cambia, porque ya veo en las redes a más de uno celebrando o lamentando cosas que no son. Los cargos siguen siendo los mismos: conspiración de narcoterrorismo, importación de cocaína, delitos con armas y, añadida hace poco, conspiración para torturar opositores. Maduro y Flores se declararon no culpables; en el caso de Maduro, como él se negó dos veces a responder, fue el propio Hellerstein quien registró la declaración de no culpable en su nombre hace unas dos semanas. Un cambio de juez no anula nada de eso ni es una decisión sobre el fondo.
Lo que sí queda en el aire es el calendario. En julio, Hellerstein había fijado el inicio del juicio para junio de 2027, como reportó Bloomberg Law. Una jueza nueva necesita estudiar un expediente enorme, y lo normal en estos casos es que la defensa pida tiempo. Si esa fecha se mantiene o se corre es lo primero que habrá que mirar. NBC cuenta un detalle que ahora se lee distinto: en la audiencia de fianza de Cilia Flores, el 8 de octubre, Hellerstein tenía problemas en la voz y por momentos le costaba hablar, pero insistía en que iba a presidir el juicio.
¿Quién es Analisa Torres? Nacida en Nueva York en 1959, fue nominada al tribunal federal por Barack Obama a recomendación de la senadora Kirsten Gillibrand y está en el Distrito Sur desde 2013, según Colombia One. Antes pasó años en los tribunales penales y civiles de la ciudad y en la Corte Suprema del estado de Nueva York, llevando casos criminales graves. Viene de una familia de jueces y legisladores de Nueva York: su padre y su abuelo lo fueron. O sea, conoce el banquillo penal desde adentro, y eso en un juicio de este tamaño cuenta.
A mí Hellerstein me deja una imagen difícil de olvidar: un juez de 92 años, nombrado por Bill Clinton en 1998, que llevó durante dos décadas las demandas del 11 de septiembre, que le dijo tres veces que no a Trump en el caso del pago a Stormy Daniels y que en enero tuvo que escuchar a Maduro interrumpirlo para proclamar que seguía siendo presidente. Murió sin ver el juicio que tanto le importaba.
Para las víctimas venezolanas, y para las familias de los presos políticos que esperan que alguien responda por lo que pasó en los centros de detención, lo que importa es que el proceso siga sin perder un año. ¿Lo logrará la jueza Torres, o el reloj de la justicia en Nueva York empieza a correr de nuevo?
