El petróleo se disparó este lunes tras la interrupción del oleoducto East-West en Arabia Saudí, la vía terrestre alternativa que hasta ahora permitía esquivar el bloqueo estratégico del Estrecho de Ormuz que hemos documentado durante toda esta serie. El Brent llegó a superar los 109 dólares por barril, con un avance de casi 4%, mientras el WTI subía cerca de 3% hasta los 103-104 dólares, según reportó Aporrea.

Por qué este oleoducto era la última válvula de escape

Este dato resulta especialmente grave porque el East-West Pipeline era, precisamente, la ruta que Arabia Saudí utilizaba para mover petróleo por tierra hacia el Mar Rojo, evitando por completo el paso por el Estrecho de Ormuz. Era, en otras palabras, el mecanismo que le permitía al mayor exportador de petróleo del mundo seguir operando pese al conflicto que documentamos toda esta semana entre Estados Unidos e Irán. Su interrupción cierra una de las pocas rutas de escape que quedaban disponibles.

El récord que confirma la gravedad del momento: el diésel sobre $6

El efecto inmediato ya se refleja en el surtidor estadounidense: el precio promedio del diésel alcanzó un récord histórico de 6,23 dólares por galón, la primera vez que supera la barrera de los 6 dólares. Es un salto brutal frente al récord de 5,94 dólares que documentamos apenas hace unos días, confirmando que la escalada energética de esta guerra no se ha detenido, sino que se ha acelerado.

El contagio a otros mercados

La combinación de petróleo disparado y temores sobre la inteligencia artificial, que documentamos en otra nota de hoy, generó una presión doble sobre los mercados globales. El Nikkei japonés cayó 0,81%, el Kospi surcoreano se desplomó 3,3%, y SoftBank, uno de los principales inversores de OpenAI, llegó a hundirse 13,2% en una sola sesión. En Europa, el IBEX 35 español cedió 1,59%, el CAC 40 francés bajó 1,10%, y el DAX alemán retrocedió 0,89%, con el FTSE 100 de Londres como única excepción positiva.

El mercado de bonos, bajo presión adicional

El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió hasta 4,99%, mientras que el bono a 30 años alcanzó 5,35%. En Europa, el bund alemán superó 3,52% y el bono francés llegó a 4,47%. Russ Mould, director de inversiones de AJ Bell, resumió el momento con precisión: “el petróleo y los temores sobre la IA están causando un doble dolor de cabeza para los inversores, con los rendimientos de los bonos subiendo de nuevo y una pérdida de impulso en los mercados”.

Por qué el oro cayó en vez de subir

En un movimiento que rompe con el patrón habitual de activo refugio, el oro se devaluó 2,16% hasta 4,313 dólares la onza, y la plata cayó 2,68% hasta 63,44 dólares. Es un comportamiento inusual en medio de tanta incertidumbre geopolítica, que probablemente responde a que los rendimientos de los bonos, ya en niveles no vistos en años, ofrecen ahora una alternativa de refugio más atractiva que un metal que no paga intereses.

La coincidencia de calendario que agrava todo

Esta escalada ocurre justo al inicio de la semana en que la Reserva Federal decide sobre las tasas de interés, el miércoles 16 de septiembre. Con la probabilidad de alza ya en 90% desde el viernes pasado, según documentamos entonces, un petróleo disparado por encima de los 100 dólares y un diésel en récord histórico solo refuerzan el argumento de quienes dentro de la Fed defienden un endurecimiento monetario, tal como venimos siguiendo en nuestro calendario económico semanal.

Para las familias hispanas que dependen del transporte de carga para el precio de los productos básicos, un diésel sobre 6 dólares el galón representa una presión de costos que, tarde o temprano, terminará trasladándose al precio final de los alimentos y otros bienes esenciales.