El presidente Donald Trump ha pasado 20 meses prometiendo que Estados Unidos estaba a punto de vivir un auge económico. Pero el sorprendentemente positivo informe de empleo del 4 de septiembre, con 162,000 puestos creados en agosto, que documentamos en su momento como el triple de lo esperado, terminó provocándole frustración en lugar de alivio, según reportó Telemundo.
Una semana de promoción económica que terminó en enojo
Hasta el viernes de esa semana, cuando el presidente hizo sus comentarios sobre las tasas de interés, su administración había dedicado los días previos a intentar que los votantes se sintieran más confiados sobre la economía. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, promovió específicamente los beneficios de un crecimiento más fuerte en la cumbre del G20 para ministros de Finanzas en Carolina del Norte. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, hizo lo propio en las reuniones del G20 sobre innovación, la misma gira regional que documentamos hace unos días cuando se reunió con Sheinbaum en México.
Lo que cuestionó Trump desde el Despacho Oval
En declaraciones desde el Despacho Oval, Trump inició una sesión de quejas sobre la inflación y las tasas de interés, centrando su enojo en los mercados financieros, la Reserva Federal, y los socios comerciales de Estados Unidos. El punto más llamativo: cuestionó la idea comúnmente aceptada en economía de que una ganancia inesperada de 162,000 empleos podría generar presiones inflacionarias, un principio económico básico que, según reportó Telemundo, el propio mercado sí aplicó esa misma semana, cuando el dato de empleo elevó las apuestas de un alza de tasas de la Fed.
Por qué esta reacción resulta reveladora
Es una contradicción que vale la pena señalar con precisión. Trump necesita, por un lado, que el mercado laboral se mantenga fuerte para sostener su narrativa de éxito económico. Pero un mercado laboral fuerte es, según la lógica que el propio mercado aplicó esa semana y que documentamos en su momento, precisamente lo que le da más margen a la Fed para subir las tasas, algo que Trump ha criticado repetidamente por su efecto sobre el costo del crédito.
El costo político de las promesas incumplidas
Debido a que el crecimiento prometido durante estos 20 meses aún no se ha materializado plenamente, el presidente ha perdido parte de la confianza del público en su capacidad para conducir la economía más grande del mundo, según el propio análisis de Telemundo. Es exactamente la misma tendencia que documentamos hoy con la encuesta del Financial Times: la aprobación de Trump cayó a un mínimo histórico de 33%, con el costo de vida como el motor principal del desplome, y con la propia base republicana mostrando una caída de ocho puntos en su respaldo al manejo económico presidencial.
La ironía de fondo
El análisis de Telemundo apunta a una conclusión incómoda para la Casa Blanca: sus propias políticas han contribuido, en parte, a la inflación y a las altas tasas de interés que el presidente prefiere atribuir a otros actores, como la Reserva Federal o los socios comerciales. Es la misma tensión que hemos documentado esta semana al seguir la prueba de liderazgo que enfrenta Kevin Warsh, presidente de la Fed, atrapado entre las presiones políticas de la Casa Blanca y los datos de inflación que su propio banco central debe interpretar de forma independiente.
Para las familias que siguen de cerca el rumbo económico del país, este episodio confirma algo que los propios datos ya venían mostrando: la brecha entre el discurso oficial de “auge económico” y la experiencia real del costo de vida sigue siendo, según toda la evidencia disponible esta semana, uno de los puntos más débiles de la actual administración de cara a las elecciones de noviembre.
