La inflación subyacente de agosto, que documentamos esta mañana con una lectura de 0,3% mensual por encima del 0,2% esperado, disparó de forma abrupta las apuestas del mercado sobre el próximo movimiento de la Reserva Federal. Según reportó Infobae, un consenso de analistas ubica ahora en 90% la probabilidad de que la Fed suba las tasas en su reunión del miércoles 16 de septiembre, muy por encima del 60,4% que documentamos ayer, y todavía más lejos del 34% que existía apenas dos semanas atrás, cuando Kevin Warsh pronunció su discurso en Jackson Hole.

El mercado ya no habla de una sola subida

El salto no se limita a la reunión de la próxima semana. Según reportó Gestión, el mercado ahora descuenta por completo dos aumentos de tasas antes de que termine el año, un escenario considerablemente más agresivo que el que se manejaba hace apenas unos días. El Índice Bloomberg de Bonos del Tesoro estadounidense cayó 0,6% el jueves, su peor jornada desde el 20 de marzo, cuando una subida en los precios del petróleo había provocado una fuerte venta de deuda soberana británica.

Por qué esto se ha convertido en una prueba para Warsh, no solo para la Fed

DiarioBitcoin planteó el asunto en términos que van más allá de la simple decisión monetaria: “el IPC de agosto, más alto de lo previsto, convirtió la reunión de septiembre de la Reserva Federal en una prueba decisiva para Kevin Warsh”. El presidente de la Fed debe ahora equilibrar sus propias advertencias públicas sobre la inflación, las posturas más cautelosas de otros funcionarios, y las dudas sobre su propia independencia frente al resto del comité.

Es una tensión que ya venía gestándose. Warsh había insistido, desde Jackson Hole, en que la inflación seguía por encima del objetivo de 2% y debía ser la prioridad de la Fed, llegando a advertir que el banco central “tendrá trabajo por hacer” si la confianza en que la inflación se dirige a esa meta no se materializa. Pero no todos dentro del propio comité comparten ese tono. El gobernador Christopher Waller, en un evento de Reuters el 3 de septiembre, reconoció que la inflación seguía por encima del 2%, aunque agregó que las cifras recientes mostraban “finalmente algunos signos de desinflación”. John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, fue más específico: señaló que lecturas mensuales constantes de 0,2% en el índice PCE, la medida preferida de la institución, mostrarían un descenso real de la inflación.

El riesgo que corre Warsh si no actúa

El economista Bernd Weidensteiner planteó el dilema en toda su crudeza: “el problema de la inflación sigue sin resolverse y exige una respuesta del banco central”. Y advirtió sobre el costo de la inacción: una mayor pasividad de la Fed implicaría el riesgo de otra reacción negativa en los mercados de bonos, la misma lección que, según Weidensteiner, “Warsh ya aprendió al inicio de su mandato, cuando los mercados” reaccionaron mal a la falta de claridad.

El antecedente que pesa: tres disidencias en julio

Los responsables de la Fed han mantenido las tasas sin cambios en cada una de sus últimas cinco reuniones. Pero en la reunión de julio, tres de ellos ya discreparon a favor de una subida de 25 puntos básicos, una señal de que la presión interna por endurecer la política monetaria no es nueva, sino que viene acumulándose desde antes del actual repunte inflacionario.

Lo que dicen los analistas consultados por Investing.com

Uno de los analistas citados por Investing.com fue categórico: “un alza de tasas de la Fed en septiembre está prácticamente confirmada… es la decisión correcta. Los riesgos de que la inflación permanezca arraigada están creciendo. El presidente de la Fed, Warsh, no quiere cometer el mismo error de esperar demasiado para subir las tasas”. El mismo análisis proyecta que la Fed no se detendrá en una sola alza: anticipa 25 puntos básicos en esta reunión, seguidos de “al menos dos alzas más durante el próximo año”, con el objetivo de devolver la inflación a una trayectoria creíble hacia la meta de 2%.

La incertidumbre que todavía queda

Krishna Guha, de Evercore ISI, ofreció el matiz más importante para cerrar el panorama: aunque “todo apunta a que la Reserva Federal subirá las tasas de interés la semana que viene”, la decisión final “aún está sujeta a ciertas incertidumbres residuales”, entre ellas la capacidad de Warsh de convencer a sus propios colegas dentro del comité, y la posibilidad de que el reciente repunte del precio del petróleo se revierta, algo que, como documentamos hoy mismo, ya empezó a ocurrir tras el pacto provisional entre Irán y Omán para un corredor de tránsito por Ormuz.

Lo que está en juego el miércoles

La reunión del 16 de septiembre, que además incluirá dot plot por primera vez en meses, dejará de ser solo una decisión técnica sobre el costo del dinero: se ha convertido, según la propia cobertura especializada, en una prueba sobre si Kevin Warsh puede sostener la autoridad y la coherencia que proyectó en Jackson Hole, frente a un comité donde la unanimidad ya no está garantizada.