Japón y Estados Unidos confirmaron este lunes que llevaron a cabo una intervención coordinada en el mercado de divisas para frenar el desplome del yen japonés, que había alcanzado mínimos de 40 años por encima de las 163 unidades por dólar. La ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, confirmó oficialmente que ambos países compraron yenes el pasado 31 de julio, y advirtió que “no dudaremos en realizar nuevas intervenciones coordinadas en el futuro”. Se trata de la primera operación bilateral de este tipo entre ambos países desde 1998, según recogió la agencia EFE. El efecto fue inmediato: el yen se revalorizó más de 1% hasta situarse en 155,39 por dólar en la sesión asiática, tras haber repuntado desde las 163 unidades hasta la franja de las 157 durante el fin de semana.
La intervención coincide con otro movimiento sísmico en los mercados globales: el petróleo Brent cayó más de 6%, hasta los 82,41 dólares, después de que Trump anunciara la suspensión de un ataque inminente contra Irán para abrir paso a negociaciones sobre el programa nuclear iraní. La combinación de distensión geopolítica en Oriente Próximo y acción monetaria bilateral sin precedentes dibuja un escenario de alta volatilidad para la semana, en la que además se espera el informe de empleo de julio en Estados Unidos —un dato clave que definirá las próximas decisiones de la Reserva Federal sobre tasas de interés.
Los analistas de mercado, sin embargo, piden cautela: “esto ya lo hemos vivido antes”, escribió Adam Crisafulli, fundador de la firma Vital Knowledge, en referencia a anteriores anuncios de tregua con Irán que después no se sostuvieron, lo que sugiere que el optimismo del mercado podría revertirse si el proceso de negociación no avanza.
Por qué esto importa: una intervención bilateral de esta magnitud, la primera en 27 años, es una señal de que las principales economías del mundo consideran que la volatilidad cambiaria actual representa un riesgo real para la estabilidad financiera global — y eso tiene un efecto directo sobre el bolsillo de millones de hispanos en Estados Unidos: un dólar más fuerte o más débil frente a otras monedas incide directamente en el valor de las remesas que se envían a países como México, Colombia o Venezuela, donde cada punto porcentual de variación cambiaria se traduce en más o menos poder adquisitivo real para las familias que reciben ese dinero.
