La deuda acumulada en tarjetas de crédito en Estados Unidos alcanzó 1,26 billones de dólares al cierre de junio, tras crecer 21,000 millones durante el trimestre, un aumento de 1,7%, según el informe trimestral sobre deuda y crédito de los hogares publicado por la Reserva Federal de Nueva York. El saldo promedio entre quienes tienen deuda de tarjeta subió a 7,756 dólares, un incremento de 1,9% frente a los 7,615 dólares del año anterior.
El dato que más se repite, y el matiz que casi nadie explica
La cifra que ha circulado con más fuerza es que el 12,8% de los saldos de tarjetas está con 90 días o más de atraso. Es un salto considerable: en el tercer trimestre de 2022, ese porcentaje era de 7,6%.
Pero conviene entender qué mide realmente ese número, porque los propios investigadores de la Fed de Nueva York lo aclararon. Esa cifra incluye deudas viejas ya castigadas contablemente, es decir, préstamos que los bancos dieron por perdidos hace tiempo pero que permanecen en los reportes de crédito. No son necesariamente nuevos atrasos.
El indicador más honesto sobre el deterioro actual es otro: la tasa de nuevas entradas en mora grave, que pasó de 6,93% a 6,97% entre el segundo trimestre de 2025 y el de 2026. Es decir, prácticamente estable, aunque en un nivel elevado. Y excluyendo la deuda castigada, las nuevas moras se han mantenido alrededor de 3% de los saldos desde 2024, con la última lectura en 2,95%.
La frase que resume la situación real de los hogares
Joelle Scally, asesora de política económica de la Fed de Nueva York, lo planteó así: “las tasas de morosidad en la mayoría de los productos se han mantenido estables durante los últimos dos años. Aun así, las nuevas moras en préstamos para automóviles y tarjetas de crédito permanecen en niveles elevados, una tendencia que seguiremos monitoreando”.
Los investigadores de la institución agregaron un diagnóstico más crudo en una llamada con periodistas: “hay muchos hogares que viven de quincena en quincena, y solo se necesita que ocurra una cosa para que caigan en morosidad”.
Los otros frentes de endeudamiento
El panorama completo va más allá de las tarjetas. La deuda automotriz alcanzó un récord de 1,71 billones de dólares, con préstamos nuevos por 211,000 millones en el trimestre. Un detalle preocupante: la calidad crediticia de esos nuevos préstamos empeoró, con la puntuación mediana de crédito bajando siete puntos.
La morosidad severa en préstamos para autos subió de 2,93% a 3% interanual, y en hipotecas avanzó de 1,29% a 1,52%. La deuda total no asociada a la vivienda creció 48,000 millones de dólares en el país.
Por qué esto importa justo ahora
El momento de estos datos no podría ser más relevante. Como documentamos esta semana, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años cerró en 4,78%, y el mercado asigna 60,4% de probabilidad a que la Reserva Federal suba las tasas en su reunión del 15 y 16 de septiembre.
Las tasas de las tarjetas de crédito son variables: se ajustan casi de inmediato tras cada movimiento de la Fed. Si el alza se concreta, los 1,26 billones de dólares en saldos pendientes se vuelven más caros de servir prácticamente al mes siguiente, para hogares que ya destinan una porción creciente de su ingreso a alimentos y combustible en máximos históricos.
Lo que recomiendan los especialistas
Ante ese escenario, los expertos citados en los reportes coinciden en tres medidas prácticas: priorizar los gastos esenciales, contactar a los acreedores antes de faltar a un pago, no después, y considerar asesoría de crédito antes de recurrir a más tarjetas para cubrir deudas existentes.
Es un consejo que gana peso considerando lo que viene: el IPC de agosto se publica el viernes 11, y la decisión de la Fed llega cuatro días después, tal como reseñamos hoy en nuestro calendario económico semanal.
