El Departamento de Comercio reportó este jueves que la economía de Estados Unidos creció a un ritmo anualizado de apenas 1.5% en el segundo trimestre de 2026, muy por debajo del 2.1% que esperaban los economistas consultados por FactSet y Reuters, y una desaceleración marcada frente al 2.1% registrado en el primer trimestre. El reporte llega apenas un día después de que la Reserva Federal decidiera mantener las tasas de interés sin cambios por quinta reunión consecutiva, con tres de sus propios funcionarios pidiendo internamente una subida.
El desglose del reporte, sin embargo, cuenta una historia más matizada que el simple titular de la desaceleración. El gasto del consumidor —el motor más importante de la economía estadounidense— aceleró con fuerza, y las ventas finales a compradores privados domésticos, un indicador clave de la demanda subyacente, subieron un sólido 3.9%. Lo que realmente restó al número final fue un aumento pronunciado en las importaciones —principalmente equipos y componentes para la construcción de centros de datos vinculados al boom de inversión en inteligencia artificial— junto con una caída en el gasto público federal. En la contabilidad del PIB, las importaciones se restan matemáticamente, así que un mayor gasto en infraestructura de IA puede, de forma contraintuitiva, verse como una desaceleración en el número general aunque refleje inversión real y creciente.
El dato de inflación incluido en el mismo reporte es el que más debería preocupar a cualquier familia: los precios subieron por segundo trimestre consecutivo, en un movimiento que los analistas atribuyen principalmente a los precios de la energía, no a una presión de costos generalizada. Esa lectura ya se refleja en la calle: el precio nacional promedio de la gasolina superó los 4 dólares por galón esta semana, en medio de la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán que ya llevamos reportando varios días. La economista jefe de EY-Parthenon, Gregory Daco, destacó que los “motores principales de la actividad se mantuvieron resilientes”, con el gasto del consumidor ampliándose y una fuerte inversión empresarial en equipos e infraestructura vinculada a la IA sosteniendo el crecimiento hacia 2027.
Por qué esto importa para una familia hispana promedio: un crecimiento económico más débil de lo esperado, combinado con una inflación que vuelve a acelerar por el precio de la energía, es precisamente el escenario que más complica las decisiones de la Reserva Federal —ni lo suficientemente débil como para justificar un recorte de tasas, ni con una inflación lo bastante controlada como para permitirlo con tranquilidad. Mientras ese diagnóstico se resuelve, el efecto inmediato y tangible ya está en el surtidor de gasolina, en un momento en que esas mismas familias también cargan con los aranceles reconfigurados de la semana pasada y el impuesto del 1% a las remesas.