Se despertó Estados Unidos con otro Congreso. CBS News proyecta que los demócratas tendrán el control de la Cámara de Representantes y del Senado, y según el conteo de AP que recoge Al Jazeera, ya suman 228 escaños ganados en la Cámara, con decenas de carreras todavía abiertas, y 54 en el Senado, donde hacen falta 51. Es la primera vez en 20 años que un presidente republicano pierde las dos cámaras en una elección de medio término. La última fue George W. Bush en 2006.

Los nombres de la noche en el Senado dicen mucho de lo que pasó. James Talarico le ganó a Ken Paxton en Texas, Sherrod Brown recuperó Ohio, Roy Cooper se llevó Carolina del Norte, Troy Jackson sacó a Susan Collins en Maine, y los demócratas también voltearon Kansas, Iowa y Carolina del Sur, según la lista de CBS. Cuando un demócrata gana en Texas y en Kansas, ya no estamos hablando de un mal día para el partido de gobierno.

Trump reaccionó como era de esperar. En Truth Social escribió: “Yo no estaba en la boleta y si hubiera estado, ¡habríamos ganado por PALIZA!”. A CBS le dijo que estaba “un poco sorprendido”, que aceptará los resultados y que tiene “el poder supremo, se llama veto”. El mismo sondeo a boca de urna que cita CBS le da 38% de aprobación, lo que podría ser un mínimo histórico para un presidente en unas intermedias.

Ahora, lo que a mí me interesa es lo que pasó con nosotros. El voto latino se fue con fuerza hacia los demócratas: 62% a 35% en las elecciones a la Cámara, según el sondeo a boca de urna de NBC News que recoge El Tiempo Latino. En 2024, Harris había sacado 51% y Trump 46%. Es un giro de unos once puntos en dos años, y no hace falta ser muy adivino para saber qué pesó: las redadas, los vecinos detenidos con permiso de trabajo vigente, el TPS en el limbo.

Florida fue la excepción que confirma la regla. Byron Donalds ganó la gobernación con 50,1% contra 48,7% de David Jolly, con 98% escrutado según AP, y Ashley Moody retuvo el escaño de Marco Rubio en el Senado frente a Angie Nixon. Pero la carrera que más me importa es la del distrito 27, en Miami, porque ahí vive una parte enorme de la diáspora venezolana. María Elvira Salazar tenía 123.838 votos (50,27%) contra 122.513 (49,73%) de Eliott Rodríguez, con más de 95% contado, según Decision Desk HQ citado por CiberCuba. Son 1.325 votos. Salazar se proclamó ganadora, pero AP no había hecho la proyección, y la supervisora electoral de Miami-Dade, Alina García, dijo que Salazar parece ganar con o sin reconteo, aunque “no es un hecho consumado”, según Yahoo News. Rodríguez dice que esperará hasta el último voto; un eventual reconteo no empezaría antes del sábado.

Fíjense en lo que dijo Salazar esa noche: que su partido “necesita corregir el rumbo en la economía y en inmigración”. Ella hizo campaña con un anuncio en el que decía que la política migratoria de Trump había ido “demasiado lejos”, y aun así Trump la respaldó. Esa casi derrota es el mensaje más claro que ha recibido el Partido Republicano en Miami en mucho tiempo, y viene precisamente de los votantes que se suponía que tenía asegurados.

¿Qué cambia para el venezolano? El nuevo Congreso se instala el 3 de enero de 2027, así que nada es inmediato. El TPS se sigue decidiendo en los tribunales, y la fecha clave sigue siendo este 6 de noviembre, como les expliqué aquí. Pero un Congreso demócrata sí puede citar a ICE y a Seguridad Nacional a rendir cuentas, frenar presupuestos y poner sobre la mesa leyes migratorias que hoy duermen en una gaveta, como el proyecto que Salazar escribió con una demócrata de El Paso. Y en política hacia Venezuela, recuerden que en enero, después de la captura de Maduro, los republicanos apenas lograron tumbar en la Cámara una resolución de poderes de guerra para limitar las acciones militares de Trump. Con mayoría demócrata, cualquier acuerdo que lleve tropas estadounidenses a Venezuela, como el que reportó el New York Times esta semana, va a pasar por un Congreso mucho menos dispuesto a firmar en blanco.

Mi preocupación es otra, y se la digo con franqueza: que Venezuela termine convertida en pelota de la pelea entre Trump y el Congreso. La transición a la democracia no puede depender de quién gane en Kansas. Lo que yo espero de los congresistas de Florida, de los dos partidos, es que defiendan juntos dos cosas, papeles para los venezolanos que están allá y elecciones libres para los que siguen en Venezuela. ¿Serán capaces de ponerse de acuerdo en eso, o vamos a ver dos años de gritos mientras nuestra gente sigue esperando?