Esta es de esas noticias que a uno le alegran el día. Un maracucho, un muchacho que llegó a Estados Unidos con 13 años huyendo con su familia del chavismo, acaba de ganar un escaño en la Cámara de Representantes de Florida. Se llama Samuel Vílchez Santiago, tiene 29 años, y desde enero va a votar leyes en Tallahassee.
Una precisión, porque en redes ya circula que “llegó al Congreso”: no es el Congreso federal de Washington. Es la Cámara de Representantes del estado de Florida, el parlamento estatal. Y eso no le resta nada. Al contrario: es ahí donde se deciden cosas que tocan directamente la vida de los venezolanos en Florida, desde la vivienda hasta la educación de los muchachos y las leyes estatales sobre inmigración.
Los números del martes fueron claros. Con el 85% de los votos escrutados, Vílchez Santiago, candidato demócrata, tenía 30.772 votos, el 66,29%, frente a 15.647 del republicano Jorge Malavet, según el conteo de Decision Desk HQ recogido por AlbertoNews. Son resultados preliminares, pero la ventaja es de más de 30 puntos, y Florida Politics ya dio por ganada la carrera. El Distrito 43 cubre comunidades del este de Orlando, en el condado de Orange. Sucede a la demócrata Johanna López y, según Watermark, se convierte en el primer venezolano-estadounidense demócrata electo a la legislatura de Florida.
Samuel Vílchez Santiago, de 29 años, nacido en Maracaibo. Foto enviada a kevinrondon.com.
Ahora, lo que a mí más me conmueve es la historia detrás. La familia llegó a Orlando en 2010 y pidió asilo político, después de salir de Venezuela por persecución, según El Nacional. Y aquí viene la parte que muchos de nosotros conocemos en carne propia: su mamá, que era odontóloga y tenía su propia clínica en Venezuela, trabajó en un McDonald’s. Su papá, ingeniero en informática, trabajó lavando carros en un aeropuerto. Esa es la historia de la diáspora venezolana. Profesionales que lo perdieron todo por culpa de un régimen y que empezaron de cero para que sus hijos pudieran tener lo que a ellos les quitaron.
Y el hijo aprovechó. Samuel se graduó como el mejor de su promoción en Colonial High School, fue el primero de su familia en ir a la universidad en Estados Unidos, estudió en Princeton y luego hizo una maestría en Políticas Públicas en Oxford. En 2023 fue electo presidente del Partido Demócrata del condado de Orange, el más joven en ese cargo. Trabajó en temas de inmigración y fue director estatal de la American Business Immigration Coalition, donde asesoró a la administración Biden-Harris sobre el TPS, y en las primarias de agosto le ganó con 66% a una exlegisladora estatal, Daisy Morales.
Lo que significa para nosotros
Más allá del partido, y cada lector tendrá su opinión sobre eso, hay algo que nos debería importar a todos los venezolanos. Durante años nos tocó ser la noticia de los otros: el TPS que se cae, las redadas, las deportaciones, los operativos. Ser siempre el tema, nunca el que habla. Que un venezolano llegue a una legislatura estatal significa que por fin uno de los nuestros va a estar sentado en la mesa donde se toman esas decisiones, y no solamente afuera esperando a ver qué deciden.
También es una respuesta a la narrativa que nos quieren pegar en todas partes, desde Florida hasta la Pequeña Caracas en Santiago: que el venezolano que emigró es un problema. Samuel es la prueba de lo contrario. Es lo que pasa cuando a un muchacho que huyó de una dictadura se le da la oportunidad de estudiar y trabajar.
Yo, que vengo de la tierra de la gaita y el patacón, no puedo dejar de sonreír con esta. Felicitaciones, paisano. Ahora la pregunta es otra: ¿cuántos Samuel hay en la diáspora esperando una oportunidad, en Chile, en Colombia, en España, en Perú, y cuántos países se la van a dar?
