Hay una regla no escrita en toda campaña que va perdiendo: cuando los números no cierran, alguien tiene que pagar la cuenta. Y en la Casa Blanca ya empezaron a repartir la factura.
A tres semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, con las encuestas inclinando la Cámara de Representantes hacia los demócratas y el Senado demasiado cerrado para pronosticar, Trump está culpando en privado a sus asesores. Según tres fuentes citadas por Reuters, los reproches van por tres vías: cómo se gastó el dinero de campaña, cómo se redibujaron los distritos y a quiénes se eligió como candidatos.
Los 200 millones de la discordia
El blanco principal es James Blair, quien dirige el súper PAC MAGA Inc. Según registros públicos, esa estructura ya gastó unos 200 millones de dólares. Y no está claro si Trump autorizará más gasto antes de la elección.
Doscientos millones es mucho dinero para llegar a la recta final con la aprobación presidencial en el punto más bajo de su mandato. Cuando la inversión no rinde, el inversionista revisa al administrador. Así funciona en cualquier empresa, y la política estadounidense, en este punto, no es muy distinta.
El viaje a Bosnia
El detalle que convierte el problema en culebrón está en los Balcanes. Funcionarios cuestionaron un trabajo de consultoría de Blair y de Chris LaCivita, quien codirigió la campaña de 2024, en la República Srpska, en Bosnia, donde según el reporte habrían recibido pagos sustanciales por asesorar al gobierno regional.
Una de las fuentes asegura que la jefa de gabinete, Susie Wiles, aprobó ese viaje sin avisarle a Trump. Wiles, por su parte, habría culpado a Blair. Blair culpó al equipo de asuntos legislativos de la Casa Blanca. Una persona describió la escena como un “pelotón de fusilamiento circular”, que es la forma más elegante de decir que todos se están disparando entre ellos.
El 7 de octubre, Trump ya había presentado a Blair y LaCivita en Truth Social como simples consultores de afuera, y advirtió que los despediría en el acto si encontraba un conflicto de interés. Antes había descrito la salida de Blair de la Casa Blanca como una licencia temporal. Ahora, según las fuentes, su regreso es poco probable.
A Wiles, en cambio, la blindó: la elogió como inteligente y dura, y aseguró que se quedará por mucho tiempo. Traducción política: el problema es el que está afuera, no la que está adentro.
Las respuestas
Los aludidos no se quedaron callados. Blair calificó las críticas de ridículas y contraproducentes. LaCivita las atribuyó a cobardes que no dan la cara. Y el vocero de la Casa Blanca, Davis Ingle, despachó a las fuentes como opinadores sin información real.
Lo curioso es que nadie desmiente el dato duro: los 200 millones gastados y las encuestas en contra.
Texas, el redistritaje que se pasó de listo
El otro frente es Texas. Los republicanos redibujaron el mapa electoral para ganar escaños, pero el plan depende en parte de que el voto hispano repita los niveles de 2024. Las encuestas sugieren que eso será difícil. Una fuente lo resumió diciendo que el redistritaje fragmentó demasiado a los votantes de Trump, al repartirlos para ganar más distritos y dejar a algunos congresistas más expuestos.
Esto toca directamente a nuestra audiencia. El votante hispano que en 2024 se movió hacia Trump por la economía y la seguridad hoy mira los precios, las redadas y el fin del TPS. Y un mapa diseñado contando con él puede volverse en contra si decide quedarse en casa.
Lo que está en juego
Si los republicanos pierden la Cámara, Trump enfrentará sus dos últimos años con la agenda legislativa frenada y con los demócratas armados de poder de citación para investigar a su gobierno. En otras palabras, menos leyes y más comparecencias.
Las causas de fondo no son un misterio: el costo de vida, la insatisfacción con el manejo de la economía y la guerra con Irán. La gasolina subió 9,1% en un mes justo antes de la última medición de inflación previa a la votación. Ningún consultor, por bueno o malo que sea, tapa eso con publicidad.
Al final, buscar culpables entre los asesores es la salida más cómoda. La más difícil es admitir que el votante está mirando su recibo del supermercado, no el organigrama de MAGA Inc.
