Donald Trump frenó el plan del secretario de Defensa, Pete Hegseth, de transmitir en vivo la ejecución por fusilamiento de Nidal Hasan, el exmayor del Ejército que mató a 13 personas en la base de Fort Hood, Texas, en 2009.
La ejecución sigue en pie. Está prevista para el 3 de diciembre.
Cómo se llegó aquí
Hasan, psiquiatra militar, abrió fuego en Fort Hood en noviembre de 2009, en uno de los peores ataques contra una base militar en territorio estadounidense. Un tribunal militar lo condenó a muerte en 2013.
El plan de Hegseth de transmitir la ejecución generó rechazo dentro y fuera del gobierno. Según Axios, Trump había compartido en privado sus dudas después de recibir “opiniones negativas” de legisladores de ambos partidos y de sus propios asesores. El arzobispo Timothy Broglio, responsable de la arquidiócesis católica para los servicios militares, pidió que los soldados católicos no participen en el pelotón de fusilamiento. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU advirtió que transmitirla equivaldría a una ejecución pública.
El debate de fondo
En Estados Unidos, las ejecuciones tienen testigos acotados: familiares de las víctimas, abogados, periodistas autorizados. Transmitirlas abiertamente hubiera sido algo sin precedentes en la era moderna. Para los críticos, convertía un acto de justicia en espectáculo. Para sus defensores, era una forma de transparencia y de disuasión.
La decisión de Trump llega en una semana en la que él mismo dijo en un mitin que “a los que filtran información habría que fusilarlos”. El debate sobre la pena de muerte, el fusilamiento y su exhibición pública no termina con esta cancelación: el 3 de diciembre volverá al centro de la conversación.
