Donald Trump volvió a hablar del tercer mandato, y esta vez lo dijo con todas las letras.
Fue el jueves por la noche, en un mitin en Sioux City, Iowa, a menos de dos semanas de las elecciones de medio término. “No sé quién va a ser su próximo presidente”, empezó, según la transcripción de Newsweek. “Creo que la ley dice que no tengo permitido postularme otra vez”. Admitió que no estaba “100% seguro”, que ha estudiado “esa frase desde siempre” y que “no hay mucho margen”. Y entonces vino lo importante: “Nos hicieron trampa en la segunda, porque la ganamos tres veces, así que creo que tengo el derecho de postularme otra vez”.
Vamos a los hechos, porque aquí hay que separarlos de la opinión. La frase que Trump dice haber estudiado tanto es la 22ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, y es bastante clara: “Ninguna persona será elegida para el cargo de Presidente más de dos veces”. Trump fue elegido en 2016 y en 2024. En 2020 perdió frente a Joe Biden, y no hay ninguna evidencia de que un fraude haya cambiado ese resultado: los tribunales, incluidos jueces que él nombró, rechazaron esas demandas una y otra vez.
Tampoco es la primera vez. En julio, en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, se puso una gorra de “Trump 2028” y dijo: “Gané tres veces. Ahora lo voy a hacer otra vez”. En agosto dijo que le encantaría postularse, “pero la ley es muy fuerte”. Y en otras ocasiones ha dicho que se irá de la Casa Blanca en enero de 2029. Así que, a día de hoy, lo que hay son declaraciones, no un plan formal. Pero las declaraciones se repiten, y cada vez suben un poquito de tono.
Les confieso que a mí, como venezolano, esto me pone en alerta, y no por partidismo. Nosotros vimos cómo se construye un presidente eterno. En 2007, los venezolanos le dijimos que no a la reelección indefinida en un referendo. Y en 2009 la volvieron a meter con una enmienda, con el argumento de que el pueblo tenía “derecho” a seguir eligiendo a su líder. Todo empezó con eso: con que un hombre sintiera que las reglas le quedaban chiquitas a su popularidad.
Estados Unidos no es Venezuela. Tiene instituciones mucho más sólidas, tribunales independientes y una Constitución que no se cambia con un referendo exprés: una enmienda necesita dos tercios del Congreso y el apoyo de tres cuartas partes de los estados. Y hoy Trump no tiene ni cerca esos números: su aprobación está en 32% entre adultos según CNN/SSRS, y en 36% entre votantes probables según The New York Times/Siena.
Pero justamente porque sé cómo terminan estas historias, no me parece un chiste de mitin. ¿Cuántas veces hay que repetir que uno tiene “derecho” a algo que la ley prohíbe, antes de que alguien empiece a creérselo?
