En Washington las sanciones ya no son castigos: son fichas de negociación. Y lo que pasó este viernes con Rusia es la prueba más clara hasta ahora, con una lección que los venezolanos conocen de memoria.
Donald Trump firmó una orden ejecutiva que pone en pausa el paquete de sanciones contra Rusia que él mismo convirtió en ley el mes pasado. Lo hizo dos días antes de la fecha en que las medidas debían entrar en vigor, y le comunicó al Congreso que la pausa responde al interés nacional. Según Al Jazeera, no dio más explicaciones.
Qué era lo que congeló
No se trata de una sanción menor. La ley, impulsada por el senador republicano Lindsey Graham junto al demócrata Richard Blumenthal, pasó la Cámara y el Senado por amplias mayorías. Apuntaba contra funcionarios rusos, bancos y la llamada “flota fantasma” de tanqueros que mueve las exportaciones energéticas de Rusia esquivando restricciones.
Su pieza más dura era económica: ordenaba imponer aranceles de hasta 100% a los cinco mayores importadores de petróleo o gas ruso. Quedaban exentos los países que compran menos del 15% del gas que exporta Rusia y que estuvieran reduciendo esas compras.
Es decir, la ley no castigaba solo a Moscú. Castigaba a quien le compra. Ese era el punto.
La secuencia que lo explica todo
La pausa no cae del cielo. Una semana antes, Trump anunció un acuerdo para comprar diésel a Rusia con el argumento de bajar los precios de los combustibles. Ese acuerdo ya había provocado que siete senadores de ambos partidos le pidieran revertirlo, por considerar que contradice la prohibición vigente desde 2022 y le da oxígeno a la economía de guerra rusa.
Pon las dos piezas juntas y la lógica aparece sola: es difícil comprarle diésel a Rusia el mismo mes en que le pones aranceles de 100% a todo el que le compra energía. Una de las dos políticas tenía que ceder, y cedió la que había votado el Congreso.
En Moscú lo entendieron rápido. Kirill Dmitriev, enviado especial de Putin, lo calificó como un momento “verdaderamente histórico” y adelantó que el diálogo económico entre ambos países continuará. En Kiev, el presidente de la comisión de Exteriores del parlamento ucraniano, Oleksandr Merezhko, lo leyó en clave electoral y dijo esperar que la relación mejore después de las elecciones de noviembre.
El cálculo electoral
Ese ángulo no es menor. A tres semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, las encuestas sugieren que los republicanos pueden perder sus mayorías en el Congreso, con los votantes molestos por los precios altos y por el manejo de la guerra con Irán. Y la gasolina, como ya contamos, subió 9,1% en un solo mes justo antes de la última medición de inflación previa a la votación.
Un arancel de 100% a grandes compradores de energía rusa podía mover el precio del petróleo hacia arriba en el peor momento posible para la Casa Blanca. Congelarlo tiene, al menos en el corto plazo, una lógica de bolsillo.
Lo que no tiene es coherencia institucional. Desde la bancada demócrata, el representante Don Beyer recordó que ya se había advertido que Trump podía hacer exactamente esto, y pidió al Congreso corregir la ley para cerrarle esa puerta.
La lección venezolana
Si eres venezolano, esta película ya la viste. Hace apenas unos días, el Tesoro sacó a Jorge Rodríguez de la lista de sancionados sin explicar por qué, el mismo día en que arrancaba una nueva ronda de diálogo en Caracas.
El patrón es el mismo: en este gobierno, las sanciones se ponen, se quitan o se congelan según lo que se esté negociando. Eso tiene una consecuencia práctica para quien sigue la política hacia Venezuela. Ninguna sanción es permanente, y ninguna flexibilización tampoco. Todo depende de la conversación de la semana.
Lo que hay que vigilar
Primero, si el Congreso responde con una reforma que limite la capacidad del presidente para suspender la ley. Con apoyo de ambos partidos en la votación original, no sería raro. Segundo, el precio del petróleo: si los mercados leen la pausa como un alivio para el suministro ruso, el crudo podría bajar, y eso afecta directamente lo que Venezuela puede cobrar por cada barril que vende.
Y tercero, la fecha que todo lo ordena: el 3 de noviembre. Muchas de las decisiones que hoy parecen improvisadas tienen una sola lógica, y está en las urnas.
