Un día después de la derrota, el vicepresidente JD Vance dijo que la culpa fue de la guerra con Irán. Según ABC News, Vance contó que habló con encuestadores y que le explicaron que muchos votantes de Trump en 2024 se pasaron a los demócratas porque estaban enojados. Trump dijo que lo de Vance era en gran medida cierto, pero defendió el ataque y aseguró que lo volvería a hacer. ABC recoge además una encuesta de votantes en la que el 34% dijo que la guerra fue “crucial” para su voto, y según el resumen de EFE que publica El Observador, el propio Trump apuntó a que el precio de la gasolina pesó probablemente más que la guerra.
Eso fue de lo primero que le puse sobre la mesa a Germán Novelli hijo en el directo de anoche, porque me parece que hay dos cosas ciertas a la vez. Los republicanos perdieron la mayoría, los demócratas son los claros ganadores aunque todavía se cuentan votos en carreras muy estrechas, y aun así Trump sigue en la Casa Blanca y la política exterior no se mueve de donde está. Germán lo dijo así: nadie se sorprendió de que ganaran los demócratas, lo que no se esperaba era la magnitud. Y me advirtió contra la lectura fácil. Muchos analistas hablan del fin del trumpismo, y él, que ha estado metido en política, me recordó que en política no hay muertos políticos, que es como la hidra: le cortas una cabeza y salen dos. Puso de ejemplo a Obama, que en 2010 perdió 63 escaños en la Cámara y seis en el Senado y dos años más tarde fue reelecto.
Yo agregué que ni una victoria ni esta derrota se le pueden adjudicar por completo a Trump, como quieren hacer ver los demócratas, porque cada candidato responde por su circuito. A mí me parece que María Elvira Salazar lo entendió: fijó una posición firme sobre las redadas del ICE meses antes de que arrancara la campaña, para recuperar un voto que sabía que estaba perdiendo. Aun así su carrera en el distrito 27 de Miami sigue tan estrecha que se habla de reconteo, con una ventaja de entre 1.100 y 1.300 votos según el medio, como cuenta CiberCuba. Germán fue más lejos: dijo que los republicanos hicieron campañas mínimas hacia los grupos étnicos, casi sin mensajes en español en estados con mucha población hispana, y que ahí está el voto que necesitan. Lo vio en Texas, donde según él una demócrata le ganó al gobernador republicano, y en Florida, donde Byron Donalds, afroamericano, ganó la gobernación. Todo eso lo desarrollamos en lo que ya publicamos sobre el Congreso demócrata y el voto latino.
También le pregunté por Marco Rubio, porque su peso entre los latinos fue clave en el regreso de Trump y ese voto se fue castigando. La lectura de Germán fue que Rubio, muy astutamente, tuvo una participación mínima en la campaña y se dedicó a su rol de secretario de Estado. En sus palabras, pasó agachado, como se dice en el dominó, para no quemarse de cara a dentro de dos años, cuando es uno de los presidenciables republicanos. Y lanzó una advertencia que me quedó dando vueltas: si el conflicto en Medio Oriente sigue, si lo de Ucrania no se resuelve o si Venezuela se sale de control, esa cuenta la pudiera pagar el secretario de Estado.
Ahora, lo que más nos importa: ¿acelera esto la transición en Venezuela? Germán respondió que sí y que no. Sí, porque un Congreso demócrata puede poner la lupa sobre toda acción exterior de la Casa Blanca, incluido el acuerdo petrolero, y presionar para que el proceso avance más rápido. Esa presión ya existía: el 30 de septiembre cinco demócratas de la Cámara le pidieron a Rubio y a Hegseth el texto completo del pacto con North American Blue Energy Partners, según El Observador, y Latin Times ya hablaba de citaciones si no lo revelaban. Con la mayoría que proyectan las cifras, esa petición puede convertirse en una citación. Pero también dijo que no, o que ojo, porque el ala más a la izquierda del Partido Demócrata fue la primera en rechazar la intervención del 3 de enero, la que terminó con la captura de Maduro, y podría querer frenar la presión sobre Venezuela. Su temor es que esos mismos demócratas a los que hoy aplaudimos terminen fortaleciendo a los Rodríguez en el poder. Su frase fue que cuidado con que nos salga el tiro por la culata.
Yo lo veo más optimista, con reservas. Que el Congreso vaya a auditar el acuerdo petrolero me parece bueno para Venezuela: lo que esté oscuro tendrá que aclararse y lo que haya que corregir se corregirá. Ya no se estaría llevando una transición a ciegas. Y recordé que cuando Juan Guaidó llegó al Congreso lo aplaudieron los dos partidos; si Venezuela se vuelve un tema de Estado en Washington, eso es acompañamiento para la oposición.
Mientras tanto, en Caracas hacen su propio cálculo. Delcy Rodríguez estuvo en Maturín, en Monagas, en el arranque de su gira “Renacer Productivo”, y dijo que viene “una explosión económica en Venezuela y en el estado Monagas” y que “ya Dios lo decretó así”, como cuentan NTN24 y Prensa Latina. A mí ya no me parece un meme. Me parece que busca imitar hasta el discurso de María Corina, ahora desde la fe, y me da vergüenza ajena el cinismo con que lo dice. Germán se acordó de Chávez el 14 de abril de 2002, con el crucifijo en la mano, hablando de reconciliarnos, y de lo que vino después. Su lectura es que se saben de salida y apelan al corazón de la gente.
Lo que me preocupa es la estrategia de siempre, la de esperar. Mi apreciación es que ya sacaron las garras, ahora que existe un contrapeso en Washington, y que su juego es aguantar el tiempo que haga falta hasta que la política de Estados Unidos cambie a su favor. La reforma de la Ley contra el Odio, que quita la cárcel pero no la deroga y que defendió Jorge Rodríguez, me parece parte de ese juego. Germán me recordó que lo hicieron con las mesas de diálogo de otras épocas, con el Centro Carter, en La Habana, en México, con los noruegos: ganaban tiempo, dejaban que las cosas se enfriaran y seguían gobernando igual. Y dejó lo que a mí me pareció lo mejor de la noche: el proceso de cambio en Venezuela no lo paran las elecciones en Estados Unidos. Puede tardar dos meses o un año, pero se va a dar.
Al final del programa comenté dos notas que pueden leer aquí: el Noveno Circuito congeló 14 días más el regreso del TPS venezolano, que estaba previsto para el 6 de noviembre, y la historia de Samuel Vilchez, el maracucho que llegó a Estados Unidos a los 13 años y a los 29 ganó un escaño en la Cámara de Representantes de Florida. La conversación de la noche anterior, con los dos Germán Novelli, está en el canal.
Me quedo con una pregunta que quiero que me respondan en los comentarios: si el Congreso de Estados Unidos va a mirar con lupa el acuerdo petrolero con Venezuela, ¿esa vigilancia nos conviene o nos estorba?
